La patria de Secundino Delgado: sin capitalismo ni Estado

Canarias tiene en común con Corea y Bretaña que los considerados padres de esas naciones defendieron ideas libertarias. Secundino Delgado (1867-1912), considerado padre de la patria canaria, así se definió en su autobiografía [Vacaguaré… ¡Vía Crucis!], dejándolo bien claro citando al propio Bakunin:

“Antes que nacionalista, soy libertario. Mientras aliente, bregaré por la autonomía de los pueblos y de los individuos cueste lo que cueste. (…) Todo por y para la libertad de los pueblos y de los hombres. Como Bakunin, que al mismo tiempo que predicaba la gran revolución política-económica-social, no abandonaba las regiones conquistadas y sometidas a potencias extrañas”.

Confeso lector impenitente de autores anarquistas, incluso fue, en la madrileña Cárcel Modelo, compañero de celda de Vallina –el amigo de Salvochea, que intercedió por su ilegal situación, dándola a conocer en todas partes–, publicó cuentos en La Revista Blanca y en los años de la II República, En Marcha, el portavoz cenetista isleño, seguía publicando también artículos suyos cuando ya hacía veinte años de su fallecimiento… Había conocido el anarquismo en sus años juveniles en Florida (EEUU), entre los obreros cubanos dedicados a las labores del tabaco con los que trabaja, con los que se vincula en luchas obreras y participa del periódico El Esclavo.

Como sucede con Masson, en Bretaña y con Kim Jwa-jin, en Corea, desde posiciones de la derecha y de la izquierda autoritaria, el pensamiento de Secundino Delgado es mutilado, desgajándolo precisamente de su marca libertaria. Así, recientemente, en una vivienda en la que residió en el municipio de Arafo, se inauguró una Casa Museo dedicada a su figura donde se le presenta como un “nacionalista” y donde queda como anecdótico y ridículamente intrascendente su sesgo libertario. En la referida inauguración incluso estuvo presente el mismísimo Presidente del Gobierno de Canarias, Paulino Rivero, y diversos cargos públicos, autonómicos, insulares y municipales de la derecha nacionalista, así como personas pertenecientes a colectivos nacionalistas e independentistas partidarios de la continuidad del actual orden social capitalista.

No es Secundino Delgado el único punto de encuentro entre independentismo y anarquismo en Canarias. En los años de la II república se manifiesta también dentro del cenetismo posiciones que utilizan el término independencia en su discurso revolucionario. Posiciones que son recibidas con natural preocupación en artículos de la prensa burguesa. También Manuel Pérez, uno de los secretarios generales de la CNT en Canarias durante esa época, escribía sus artículos deslindando claramente a Canarias de España y reconociendo el carácter colonial de las islas.

Tras la muerte de Franco, no son escasos los militantes del MPAIAC que se identifican con el anarquismo. Uno de ellos, Miguel Pardo, “Miguelón”, trágicamente fallecido cuando se encontraba ya alejado de las actividades armadas, en coherencia con sus planteamientos revolucionarios, también impulsó la defensa ecologista –siendo uno de los pioneros de ese movimiento en Canarias–, propiciando experiencias de vida comunitaria, con la presencia de vida autosuficiente y agricultura ecológica.

En esta época, la irrupción del componente nacional, que arraiga particularmente entre las clases populares, no fue tampoco ajeno a la misma CNT. En su seno, se realizaron debates al respecto, cuyas conclusiones fueron publicadas en la revista Bicicleta por el año 1980. Desde un obvio rechazoa las autonomías de Estado, que se comenzaba a configurar, a la proclamación del derecho a la autonomía e independencia de todos los pueblos y la federación libertaria que nace de la autoorganización y la autogestión:

“…derecho a la independencia y autonomía de los pueblos [que] ha de quedar incluido dentro del proceso de la lucha de clases y la consecución de la emancipación de la clase trabajadora en su conjunto. Porque para nosotros no existe liberación de la opresión del Estado central, si no existe emancipación de los trabajadores mediante la destrucción de cualquier Estado; ni existe liberación de los pueblos sin emancipación de los trabajadores y destrucción del capitalismo”.

Es en la década de los ochenta del pasado siglo cuando lo nacional es asumido específicamente como un manifiesto ámbito de lucha dentro de lo libertario. Y lo es, paralelo al paulatino debilitamiento del anarcosindicalismo, desde el área de los colectivos autónomos que surgen en diversos puntos de la geografía canaria, con sus publicaciones y otras actividades. El pionero en ello y el más conocido, fue el COA, de Las Palmas de Gran Canaria, que interviene desde el antimilitarismo y aglutina en su sede, La Casa Verde, a la juventud radicalizada y combativa, y cuyas acciones también se extienden a toda la isla. El COA, junto a gentes de otros colectivos, hizo posible que dejara de desarrollarse la colonialista celebración del día de la militarmente obligada “incorporación de la isla a la corona de Castilla”, pero innumerables fueron sus actividades y acciones que le hicieron inmensamente conocido. Otros colectivos como Arabisen –desgajado del COA, y participante de las Xerrades Internacionals Anarcoindependentistes en 1990–, El Baifo, Grito de Protesta, etc., realizaron tareas en consonancia con la necesaria intervención libertaria en la liberación nacional.

Básicamente son textos de estos colectivos que actúan en las décadas de los 80 y 90 del siglo XX, los que integran los artículos que conforman el conocido como “Libro Negro” por el color de sus tapas [en realidad, Canarias: independencia y autogestión es su título], tras una ardua tarea de rastreo y recuperación, que fueron dando como resultado paulatinas reediciones, siempre de factura artesanal, donde se incorporaban nuevos. El mismo colectivo editor realizó una labor de debate y profundización teórica, vertidos en documentos internos y comunicación digital, que apenas tuvo trascendencia, salvo la organización de alguna charla en algún centro social, además de la edición de un único número de una publicación contrainformativa, bajo la cabecera Imobad.

2012 fue el año en el que se celebró en el Espacio Social La Casa, de La Orotava (Tenerife), las jornadas Independencia y autogestión en Canarias: encuentros y desencuentros, donde participaron como ponentes compañeros catalanes de Catarco y de Negres Tempestes, además de gentes del país. Estas concurridas jornadas supusieron el encuentro de personas identificadas con el anarcoindependentismo y otras del ámbito de la izquierda, deseosas todas de conocer y debatir en primera persona sobre esos planteamientos. La izquierda, particularmente en Tenerife, ha tenido un particular proceso de confluencia a partir de diferentes luchas, aunque principalmente en la defensa del territorio, cuyas dinámicas dan explicación a la confluencia de colectivos y organizaciones que se involucran en la organización y apoyo de las referidas jornadas, donde ya se habían limado aristas y resuelto muchos problemas que impedían la comunicación y el debate.

De unos años para acá, y ello a partir de que determinados negocios de grandes empresarios con instituciones son objeto de atención por parte de la Fiscalía Anticorrupción, la más reaccionaria derecha, de ribetes fascistas, y su portavoz, el periódico El Día, dieron un inesperado giro del españolismo al soberanismo. La creación de una corriente independentista dentro de Coalición Canaria –partido que lleva décadas en el poder del Archipiélago, cogobernando con el PP o, ahora, con el PSOE–, y el más reciente plante de Paulino Rivero ante el Gobierno de España por las prospecciones petrolíferas autorizadas a la multinacional Repsol, dibujan un panorama actual de aparente enfrentamiento, que es motivo de preocupación por parte del aparato de Estado, que vislumbra peligros de deriva hacia el independentismo, más ficticios que reales. Unas clases dominantes tradicionalmente subalternas de los designios foráneos, sí que observan posibilidades de negocio de la mano del Imperio yanky, empeñado en esquilmar las riquezas del continente africano y para lo que cuenta con el Archipiélago como plataforma logística, y que no haría obvios ascos a participar también del negocio petrolero y gasístico que se vislumbra en el mar cercano al Archipiélago, aunque a tenor de la legislación marítima internacional serían aguas bajo soberanía del reino de Marruecos, al ser Canarias un archipiélago de un Estado y no un Estado archipielágico, lo que da explicación al incremento de la militarización de las islas… A ello sumamos una situación social bastante desesperante para la gente de abajo, con elevadísimas tasas de pobreza que afecta a un tercio de la población, con alto paro (no llega ni a un tercio de la población total la que está empleada, a pesar de que se aporta más a la Seguridad Social de lo que se recibe), precariedad laboral generalizada, bajos salarios –muy por debajo de los de los trabajadores de la metrópoli–, amplia desprotección social a la población sin recursos, desatención de los servicios públicos esenciales, como sanidad y educación, etc.

Generalizar el conocimiento de la situación que afecta a la gente de abajo, propiciando su autoorganización para enfrentarse a ella, criticar las actuaciones culturales y educativas llevadas a efecto por las instituciones de las Islas, donde se hurta el conocimiento de la realidad (histórica, cultural, económica…) del Archipiélago, o se la manipula, abogar por extender la resistencia a los recortes y la pérdida de derechos de todo tipo, a la par que desenmascarar al nacionalismo, tanto español como canario, que pretende perpetuar la explotación, la injusticia y la dominación sobre las personas en las Islas, se tornan labores tan necesarias como urgentes. Ello sin menospreciar el flanco antirrepresivo, ya que ámbitos del activismo social, marcados por la autonomía, están siendo objeto de criminalización y persecución (incluso presentándolos como aliados del nacionalismo burgués en esta representación de enfrentamiento del Gobierno de Canarias con el de España, señalándolos como “los cachorros violentos de Coalición Canaria”).

Actualmente no existe un colectivo estable anarcoindependentista en Canarias. Sí que activistas sociales se sienten identificados con una propuesta de liberación nacional anticapitalista y antiestatal, a la par que antipatriarcal y ecologista radical, conforme a los flancos de actuación en los que se interviene, quedando lo nacional como un eje transversal. Algunos de sus activistas tienen intención de preparar un nuevo encuentro de debate como el de 2012, al propio tiempo que en los ámbitos que en se puede se riega el conocimiento de ese Secundino Delgado que se reclamaba libertario. Ese Secundino que, obligado emigrante, cuando trabajaba como herrero en La Habana, fue despedido porque el pujavante que usaba como herramienta tenía una inscripción bien clara: “Mueran los burgueses, viva la anarquía”.

Josema González

Agosto de 2014.


Apuntes sobre anarquismo y cuestión nacional

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Artículo de  colaboración para Borroka Garaia da!. 

Autor: Jakue Pascual.

En la interpretación de lo que es el anarquismo es habitual cometer un error de apreciación y entender lo libertario como ajeno a la tierra, la etnia, la lengua o la nación, confundiéndose la crítica del Estado con la de la autodeterminación de los pueblos. Cuando lo cierto es, no debemos peder de vista, que para el anarquismo los referentes territoriales, étnicos y lingüísticos son parte de la base natural sobre la que se articulan las interacciones que generan las identidades populares. De no ser así no podríamos entender la serie de oposiciones en las que históricamente se apoya el ideario anarquista: Independencia de los pueblos versus imperialismo estatista, antimilitarismo frente a militarismo, libre federación contra centralismo, no separación de cuestiones nacionales, sociales y personales en oposición al individualismo abstracto, transformación permanente frente a comportamiento unidimensional, bioterritorialidad como alternativa al desarrollismo insostenible, circularidad asamblearia y no verticalidad en la toma de decisiones, además de rechazo solidario y antiautoritario de toda desigualdad y discriminación.

Los clásicos anarquistas, Bakunin y Kropotkin, no son tan necios como para caer en la trampa de confundir las maquinarias estatales al servicio de poderes concretos, que se valen de propagar definiciones identitarias abstractas para el mantenimiento o la conquista del poder, con las relaciones que plasman de hecho las formas de ser y expresarse de los pueblos. Kropotkin, en su carta a María Korn, habla sobre la cuestión irlandesa e insiste en la necesidad de incluir el análisis de los aspectos sociales y económicos en los movimientos de emancipación nacional. Para el príncipe la disyuntiva del apoyo anarquista es nítida: “En todos los lugares donde el hombre se rebela contra la opresión individual, económica, estática, religiosa y sobre todo nacional, nuestro deber es estar a su lado”. También  Bakunin defiende la idea de una liberación social ligada a los procesos de emancipación de los pueblos, oponiendo al nacionalismo estatalista un nacionalismo revolucionario de carácter social y federalista. Un buen ejemplo de esto es el Programa de la Asociación Polaca Social-Revolucionaria, donde afirma que: “El orden que reina hoy en Polonia, bajo el yugo extranjero, se manifiesta incesantemente, como en todas partes, con el despotismo político y económico de una minoría privilegiada sobre las masas”. Polonia se autodetermina allá donde el pueblo quiere ser polaco. Bakunin hace extensivo el apoyo anarquista a la independencia de todos los pueblos del orbe, y muestra un especial empeño, como eslavo que es, por liberar a los pueblos de la región de donde él es originario de la opresión alemana, rusa y turca. En su concepción autodeterminista la secesión es un derecho que asiste a la libre asociación entre los pueblos (Federalismo, socialismo y antiteologismo). Circular a mis amigos de Italia: El Estado es una abstracción, la patria es natural. Es un hecho que las personas aman a su patria. Todo pueblo tiene su carácter: -“Por eso me siento franca y constantemente el patriota de todas las patrias oprimidas”, dice.

Los anarquistas participan en las luchas de liberación de Bosnia-Herzegobina. El poeta libertario Boter se implica en la insurrección Búlgara. Se crea la Organización Revolucionaria del Interior de Macedonia y de Andrinoble, que luchará contra la opresión del imperio otomano. El anarquista Guerdjikov será uno de los tres jefes elegidos para dirigir una insurrección que se planteará de una forma dual y simultánea; por un lado como liberación nacional del yugo turco, se crearán los Grupos de la Muerte, núcleos del futuro ejército revolucionario y, por otro, como revolución social se constituirán comités en cada espacio liberado. La superioridad de las tropas turcas dará al traste con este intento emancipatorio y se producirá un éxodo hacia Bulgaria de más de 20.000 exiliados. En este proceso revolucionario será significativa la negativa de los socialdemócratas a participar en el mismo.

Los situacionistas encuentran a Makhno, vagabundos como eran hallan exiliado en Paris al guía de la guerrilla anarquista ucraniana.  El agudo Cohn Bendit del 22 de Marzo (El izquierdismo remedio a la enfermedad del comunismo) se topa con la historia de la Makhnovitchna. Hábil disertador, destaca su carácter consejista, pero olvida matizar su pertenencia a un pueblo concreto, aún cuando los manifiestos makhnovitsi siempre hablen de Ukrania. Un extracto: <”¿Quienes son los makhnovitsi y qué causa defienden? Los maknovitsi son campesinos y obreros ya insurreccionados en 1918 contra la brutalidad del dominio burgués, alemán, húngaro, austriaco y contra el hetman [jefe de los cosacos] de Ukrania.  ¿Por qué se les designa makhnovitsi? Porque durante las jornadas más duras y más graves de la reacción en Ukrania, hemos tenido en nuestras filas al infatigable amigo y conductor Makhno, cuya voz resonó por toda Ukrania protestando de todas las violencias que se cometían contra los trabajadores”. El segundo frente que se abrirá contra esta guerrilla será el del Ejército Rojo controlado por los rusos. El Tratado de Brest-Litovsk firmado entre la revolución bolchevique y las potencias centrales había cedido Ucrania al imperio austro-húngaro.

Y en México, Flores Magon plantea la posibilidad libertaria indigenista al pueblo yaki. Su libro de cabecera es el de La conquista del pan, comparte espacio en la revolución con Villa y Zapata, contra quienes también se revuelven los batallones rojos que apoyan a Carranza. Funda el Partido Liberal Mejicano y envuelve a los anarquistas estadounidenses en una aventura, promoviendo desde Los Angeles la invasión de la Baja California, con la intención crear en este territorio una república socialista independiente. Muere en una cárcel de EE.UU., en la que cumplía una condena de veinte años, por sabotear con un manifiesto los esfuerzos bélicos del gigante americano.

Angiolillo ejecuta al supresor de las libertades vascas en el balneario de Santa Agueda, como bien lo saben en Bergara.  Una acción antiimperialista en apoyo a una Cuba libre.

Un texto también clásico sobre el anarquismo y la cuestión nacional será el de Rudolf Rocker, Nacionalismo y cultura (op. cit., 1977); en este libro, cuya primera edición castellana aparecerá en 1936 en la editorial anarquista Tierra y Libertad, se dará un repaso histórico a las diferentes concepciones de la nación y el Estado.

Ya antes de la Guerra Civil española, personajes procedentes de  corrientes marxistas troskistas, como Andreu Nin (POUM), habrían adoptado postulados cercanos a Bakunin sobre la cuestión nacional, apoyando la autodeterminación de los pueblos y la revolución social en los mismos. En concreto serán muy ilustrativos a este respecto varios artículos de Nin como: <<Consideraciones sobre el problema de las nacionalidades>>, Comunismo nº 12, Mayo 1932. <<El proletariado y el problema de Cataluña>>, editorial de El Soviet nº 4, 12 de Mayo 1932. <<El problema de Cataluña queda en pie>>, editorial de El Soviet nº 9, 23 de junio 1932. <<La cuestión de las nacionalidades y el movimiento obrero revolucionario>>, Comunismo nº 37. Agosto 1934. <<El marxismo y los movimientos nacionalistas>>, Leviatán, Septiembre 1934. Todos ellos recopilados en Andreu Nin: Por la unificación marxista, op. cit., 1978.

Otros pensadores libertarios que aunarán criterios con la liberación nacional serán el gallego Ricardo Mella, que atacará directamente todo tipo de centralismo (referencia sacada de <<Nacionalismo e anarquismo>>, publicación del grupo anarcoindependentista gallego Treboada). Angel J. Capeletti que analizará el papel del nacionalismo burgués y su pliegue a los intereses imperialistas, contribuyendo a la desviación de las potencialidades que contienen en su seno las luchas de liberación nacional antiimperialista latinoamericanas.

Más actual será la aportación de Alfredo Bonanno, cliente reciente de las prisiones italianas, acusado de instigación a la insurrección, apología del delito y pertenencia a Azione Revolucionaria, y que contará con una extensa bibliografía no editada en castellano, pero de la que el fanzine anarcoindependentista catalán Icaria habrá extraído un texto sobre la lucha de liberación nacional de su libro Sicilia: Sottosviluppo e lotta di liberazione nazionale (1969) (Alfredo Bonanno, <<Luita de Liberación Nacional>>; en Ikaria, nº 21, diciembre del 89 – enero del 90). Este será un texto interesante, en el que se planteará una crítica del internacionalismo abstracto, manteniendo que las personas nacen en una situación histórica concreta, en la que se darán relaciones económicas, sociales, étnicas y lingüísticas particulares. Aunque la aportación más singular de Bonanno será la del <<límite étnico>>, cuestión que para él deberá contemplar cualquier desarrollo del federalismo anarquista en su libre asociación. Para Bonanno las revueltas concretas, tendrán lugar en un tiempo y en un espacio, que no tienen por qué coincidir con las fronteras impuestas por el Estado. La consideración étnica se antepondrá así a las disposiciones político-administrativas y será una de las premisas con las que se deberá contar a la hora de plantear el principio de desaparición del dominio bajo su forma estatista. Bonanno negará cualquier consideración sobre la potencialidad del nacionalismo burgués capitalista y eliminará cualquier posibilidad de pacto con los explotadores internos a la comunidad. La base étnica, que será el límite de la federación revolucionaria, no tendrá nada que ver con la división de clase impuesta por el capitalismo interior. Para Bonanno, la lucha de liberación nacional deberá superar la simple descolonización y atacar al desarrollo capitalista; aquí residirá su dimensión revolucionaria, que implicará, lógicamente, la destrucción del aparato de dominación, del Estado, como esfera de decisión externa a la comunidad. Si Bonanno relaciona su internacionalismo anarquista con la cuestión autodeterminativa de Sicilia, en Cerdeña nos toparemos también con un tipo de pensamiento y práctica similar. El texto de Constantino Cavalleri, Sardegna: Anarchismo e lotta di liberazione nazionale (La Fiaccola, Ragusa 1983), será un claro ejemplo de análisis desde las coordenadas anticolonialistas sardas y de la aplicación del pensamiento anarquista a las mismas. También destacaremos el capítulo del Libro publicado por la O.C.L. <<Les luttes de libération nationale>> (Organisation Communiste Libertarie, Etat des lieux… Et la politique bordel!, Acratie, 1989, pp. 297-315).

En el ámbito vasco, el pensamiento antiautoritario y libertario también estará presente a la hora de dar su interpretación del hecho nacional y de establecer con él sus más variadas interrelaciones. Podremos indicar que históricamente existirán referentes para contemplar esta cuestión. Las tradiciones circulares que aún hoy día se mantienen, serán un ejemplo ancestral de los ideales de decisión en común y de ayuda mutua. El AUZOLAN evidenciará un alto grado de solidaridad, de apoyo mutuo, en el que participará directamente el pueblo en pleno cuando se requiere su presencia para satisfacer una serie de necesidades de la comunidad o de algún miembro de la misma. El BATZARRE que ejemplificará una forma primigénea de toma de decisiones directas mediante la asamblea del pueblo, antepuesta a cualquier estructura supralocal.

Agustín Xaho de Zuberoa, militante republicano y euskaltzale que vivió en el siglo XIX, ya presentará en sus escritos un talante profundamente antiautoritario y descentralizador pudiéndosele atribuir -además de ser uno de los revitalizadores de la lengua, la cultura y la idea de independencia de los vascos y de negarse a ser enterrado en tierra cristiana consagrada- la invención de su término más querido, el de las Repúblicas Federadas de Eskual Herria (Antoine Th. d´Abbadie et J. Augustin Chaho, de Navarre, Auteur de Paroles d´un Voyant, Études gramaticales sur la langue euskarienne, Paris, Arthus Bertrand, Libraire, Rue Autefeuille, 1836; Viaje a Navarra durante la insurrección de los vascos, op. cit., 1976; La leyenda de Aitor, op. cit., 1995,  Palabras de un bizkaino a la reina Cristina, Likiniano, Bilbao, 1999; y la recopilación de artículos Azti-begia eta beste izkribu zenbait, Patri Urkizuren edizioa, Elkar Klasikoak, Donosita 1992).

De una manera tangencial la implicación de la CNT de Euskadi, antes, durante y después de la Guerra Civil y sus relaciones particulares con esta comunidad, también deberán ser objeto de consideración. Existirán libros publicados sobre el tema como: La guerra civil en Euskadi (L.M. y J.C. Jiménez de Aberasturi, Plaza y Janés, Barcelona 1978), Los anarquistas y la guerra de Euskadi: La comuna de San Sebastián (Manuel Chiapuso, Txertoa, San Sebastián, 1978), El Gobierno vasco y los anarquistas: Bilbao en Guerra (Manuel Chiapuso, Txertoa, San Sebastián, 1978), o Casilda miliciana (Luis M. Jiménez de Aberasturi, Txertoa, San Sebastián 1985), donde se expondrán las interacciones positivas y negativas entre los diferentes sectores del bando republicano vasco y donde participantes anarquistas como Likiniano, Chiapuso o Casilda expondrán sus puntos de vista sobre la guerra, el papel de los participantes, el nacionalismo y la revolución. Los anarquistas vascos firman en el exilio el Pacto de Bayona con todas las fuerzas nacionalistas y republicanas vascas. Otro texto donde se evidenciará la transición de determinados anarquistas históricos hacia el apoyo de la causa independentista armada será el de Likiniano (Pilar Iparragirre, Txalaparta, Tafalla 1994). Así mismo, y siguiendo con la CNT, será interesante referirnos a la ponencia elaborada por la Federación local de Iruñea, realizada para el Congreso de Valencia de la CNT-Revovada (ahora CGT), donde se hará un firme alegato en favor del derecho de autodeterminación (reproducido en la revista Bicicleta, nº 24, diciembre 1980).

Otro de los escritores-pensadores vascos que más influjo habrá tenido en el desarrollo de un ideario anarko-abertzale será Mark Légasse. Sus novelas y sus folletos serán un continuo alegato a la separación de los vascos desde presupuestos antiautoritarios. Entre su obrar podremos destacar: Las carabinas de Gastibeltza (op. cit., 1978), Los contrabandistas de Ilargi Zaharra (op. cit., 1980), Zortziko de Iraeta para Arpa y Txalaparta (Txertoa, San Sebastián, 1990), Pasacalles por un país que ni existe (op. cit., 1982), Santxo Azkarraren parabola (Txertoa, Donostia, 1985), con Itxaro Borda, Infante zendu batendako pabana (Txertoa, Donostia 1986), Palabras de un anarquista vasco (op. cit., 1996.). También existirá una biografía suya realizada por Amaia Egaña, Marc Legase: Un rebelde burlón (Txalaparta, Tafalla, 1997).

Otro autor a quien podremos incluir dentro de esta corriente será Beltza, que en la editorial Txertoa tendrá textos como: Nacionalismo vasco y clases sociales, Mediación y alienación: Del carlismo al nacionalismo burgués, El nacionalismo vasco en el exilio (1937-1960), Euskadi 1984; además de numerosos artículos al respecto como el aparecido en la revista Jakin nº 51 de 1989: <<La revolución y las naciones oprimidas del exágono>> (traducido por Archipiélago nº 4 1990, pp. 67-80). Y en este sentido habrá que citar el nacionalismo revolucionario de Krutwig, su Vasconia y su desplazamiento del anarcoindependentismo hacia el consejismo autónomo.

También será importante percibir cómo se acercan a la cuestión los sectores procedentes del marxismo consejista-autónomo y del anarquismo en la Euskal Herria en los 70, 80 y 90. La proliferación  de estos enfoques se dará en un momento donde la efervescencia del movimiento asambleario y popular es una realidad palpable. Uno de los textos considerados un clásico dentro de esta corriente será el de Bereterretxe (seudónimo), Nazio Arazoa (autoedición, Gipuzkoa 1977). Otros escritos de importancia en los setenta serán:  El manifiesto ideológico del colectivo Askatasuna sobre anarko-abertzalismo tratado en forma de editorial por la revista Askatasuna, nº 19-20, Bilbao 1978; el artículo de Mikel Orrantia <<La cuestión nacional>> (revista Askatasuna, nº 16-17, Bilbao 1977) y del mismo autor el libro La alternativa global, (op. cit., 1978). Sobre la autonomía y la cuestión nacional será representativo también el texto de Mikel Urriz, publicado por el colectivo Zirikatu, Cuestión Nacional y Autonomía Obrera en Euskal Herria (Irakurgaiak nº 9, Bilbao 1987). Otros libros de más reciente aparición sobre el tema de los Comandos Autónomos anticapitalistas serán: Comandos Autónomos. Un capitalismo iconoclasta (Likiniano, Bilbo, 1996) y Komando Autonomoak. Una historia anticapitalista (Likiniano, Bilbo, 1998).

Ya en los 80 se editará el libro de Jakue Pascual y Mark Légasse, Anarkherria (op. cit., 1986) que, dentro de la corriente anarkoabertzale, planteará el desarrollo de un espíritu antiautoritario vasco bajo el impulso de la reiterada pugna contra los estados centralistas. Los ejes de este análisis discurrirán a través de la cuestión del Estado, la independencia y el punk, como corriente estética rupturista que a mediados de los 80 sacudirá los fundamentos tradicionales de la sociedad vasca.

El debate sobre el anarquismo y la independencia de los pueblos continuará durante los años 90. En julio de 1990 el colectivo Ikaria de Barcelona convocará a unas jornadas de debate, como continuación de las comenzadas en Cerdeña, en las que se abordará los temas del anarcoindependentismo, la cultura, el ecologismo, la lucha armada y la liberación nacional y en las que se darán cita grupos pertenecientes a diferentes naciones sin Estado (ExIkaria, <<Xerrades Internacionals Anarcoindependentistes>>, boletín de septiembre de 1991). En esos momentos existían en el estado español diversos colectivos que se ubicarán en una línea anarco-independentista como Arabisem de Canarias y el Fanzine El Baifo de la misma comunidad, Treboada de Galicia, Ikaria de Catalunya o Zirikatu de Euskal Herria; además de mantenerse contactos con grupos afines de Quebec, Occitania, Cerdeña y Sicilia. También, y a modo de ejemplo, reseñaremos el resumen del fanzine Resiste del debate sobre anarquía y cuestión nacional celebrado en la casa ocupada de Lore Etxea de Iruñea, el 21 de septiembre de 1991(<<Debate sobre la independencia>>, nº 13, enero 1992). Otro texto que indirectamente se podrá incluir en esta reflexión será el producido por el Grupo de Debate de Bedia sobre el antimilitarismo y la cuestión nacional y que será reproducido en el Resiste nº 11 de febrero de 1991, bajo la denominación de <<Antimilitarismo y autodeterminación en Euskal Herria>>.


Tesis sobre liberación de los pueblos oprimidos

por Félix Rodrigo Mora

Los importantes cambios que se vienen produciendo en los últimos tiempos respecto del tratamiento político-estratégico dado a la llamada cuestión nacional, hace necesario que se definan al menos esquemáticamente los elementos claves para un tratamiento correcto de esta importante cuestión.

 

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Primero.- Desde que en el siglo XIV comenzara el desarrollo e implementación del estado moderno, éste va construyendo los fundamentos políticos e ideológicos que le van a dar consistencia y proyección futura. A la par que se favorece el desenvolvimiento de la estructura del poder centralizado a través del ejército permanente, la fiscalidad común, el conjunto de normas jurídicas de aplicación general y las relaciones de producción capitalistas, se avanza decisivamente en la construcción de una ideología sobre la que sustentar el aparato organizado para la coerción social, allí donde puede implantarlo, la ideología nacionalista. Ésta se presenta históricamente desde sus inicios como un fenómeno esencialmente europeo, luego convertida en categoría a imponer a sangre y fuego al resto del mundo.

Segundo.- Este proceso culmina en el inicio de la modernidad, esencialmente con el triunfo de las revoluciones liberales: inglesa, americana, y sobre todo la francesa de 1789, con la concreción del ideario de «soberanía nacional», «identificado» como soberanía popular, que se asocia a una nueva categoría de persona: el ciudadano, «dotado» de una relación de «derechos» y «deberes», que se identifican con los intereses generales del Estado. Este proceso de manipulación ideológica de alto nivel, dentro de la llamada «revolución liberal» ha sido impuesto además por la violencia más extrema a una sociedad mayoritariamente agraria y popular, o a la parte de ella que se resistiera. Este «triunfo» de la revolución liberal ha significando la mayor de las derrotas de los pueblos, primero los europeos y luego, del resto del mundo. Pero no solamente eso, además ha supuesto el obstáculo principal para el desarrollo de la auténtica democracia y de la cultura e identidades de los diferentes pueblos. Por tanto, ha significado a la par que un genocidio cultural e identitario, la imposición de un sistema de poder oligárquico con fundamento en la dictadura parlamentaria y una destrucción de la esencia concreta humana mediante las diferentes formas de esclavización de los seres humanos en el sistema productivo (trabajo asalariado, esclavitud residual, etc.).

Tercero.- Los estados-nación nucleares se constituyen en Europa hasta el siglo XIX, luego de una pugna continua entre las monarquías absolutas, que en guerras permanentes de mutua agresión de rapiña en sus respectivos territorios, van configurando las condiciones materiales de su implantación definitiva. Siendo la dinámica de la expansión una tendencia inherente a los estados fue inevitable que al tiempo se desarrollara en el mundo el proceso de implantación del modelo estado-nación, a través del colonialismo europeo en los siglos XVIII y XIX, y desde los inicios del siglo XX mediante el neocolonialismo que inaugura la potencia emergente EEUU.

A partir de ese momento comienza un proceso complejo que abarca dos fases: Una es la guerra continua entre estados colonialistas-imperialistas por hacerse con la mayor cuota de poder mundial, que se concreta en determinados momentos culminantes, como la Ia y la IIa Guerras Mundiales, la Guerra Fría y permanece en constante desarrollo, hasta el momento presente, con la perspectiva de la pugna EEUU-UE con China-Rusia. Dos, la promoción del llamado «ejercicio del derecho de las naciones a su autodeterminación» como efecto de recomposición del sistema mundial de poder que implicaba la imposición del Estado moderno y capitalista. Esta fue la política inicial de recomposición de los antiguos imperios centro-europeos, luego impulsada en el ámbito mundial en función del desarrollo del imperialismo. «Derecho» que se implanta en el mundo a partir de las catastróficas consecuencias de la Ia Guerra Mundial con la Sociedad de Naciones en 1919, y luego, la Declaración de la ONU, que concreta la Conferencia de San Francisco de California en 1945, acordada por el bloque imperialista vencedor de la IIa Guerra Mundial.

Cuarto.- La consigna de el derecho de las naciones a la autodeterminación se encuentra recogida en la Carta de las Naciones Unidas y en numerosas resoluciones de la Asamblea General de la ONU, es por tanto el derecho impuesto a los pueblos oprimidos del mundo por el imperialismo internacional confabulado contra el verdadero derecho: la libre determinación de los pueblos. Desde el momento en que tal «derecho» es asociado a la categoría de «nación», y ésta inevitablemente lo es al Estado, tal consigna se convierte en una trampa, en la que se esconde justamente la estrategia de expansión del modelo de organización social estatal en todo el planeta, se conquiste el derecho de autodeterminación o no.

La posición defendida por el marxismo no es correcta, es esencialmente idéntica al derecho estatista-burgués-nacionalista[1] e imperialista que concreta tal derecho en la constitución de un estado-nación. La realidad es que a los pueblos de todo el mundo se les ha impuesto un modelo de liberación fraguado en los hornos de la visión eurocentrista del mundo, el correspondiente a la soberanía nacional, que en realidad es el poder del estado actuando sobre una población, organizada en el ámbito cerrado de unas fronteras custodiadas por una fuerza militar para la defensa del enemigo externo y del interno (el pueblo en sus pretensiones de rebelión). La frontera constituye el límite del equilibrio de fuerzas entre las posibilidades de expansión del propio estado y las ambiciones del estado vecino.

Quinto.- La consigna de el derecho de las naciones a la autodeterminación ha sido utilizada históricamente como «excusa» por parte del imperialismo para intervenir en la guerra imperialista de disputa de zonas de influencia entre potencias imperialistas rivales, no para alcanzar algún tipo de liberación «nacional». Esta cuestión es particularmente aplicada desde la IIa Guerra Mundial hasta hoy mismo en África, Asia y Latinoamérica.

Esta consigna, defendida por el marxismo, el izquierdismo y el nacionalismo pequeño-burgués en Europa en los últimos 50 años, ante la persistencia de pueblos oprimidos por los Estados-«nación» europeos actuales, como España, Francia, Inglaterra, ha conducido a una derrota histórica del verdadero derecho a la libre determinación de sus respectivos pueblos, puesto que ha situado, indudablemente, a este movimiento a la cola de las políticas estatistas de recambio en una época de crisis profunda de los sistemas políticos de poder en toda Europa. En última instancia, no aporta nada más allá de lo que pueda plantear el Estado, puesto que su estrategia final es la construcción, precisamente, de un Estado, y éste será inevitablemente un aparato de poder gestionado por las elites del poder conjuntamente con el capitalismo.

Sexto.- La expansión e internacionalización del Estado, llamado eufemísticamente «globalización», supone una crisis del estado-nación, pero no en un sentido de su pérdida de función histórica, sino de crecimiento, con la determinación de bloques de poder, estratégicos y tácticos[2]. La defensa del modelo de estados-nación, realizada a la par por el liberalismo y el marxismo, es esencialmente errónea desde la perspectiva del pueblo; pero hoy es además una postura anacrónica, cuando justamente se encuentra en una crisis de sostenibilidad como política del estado-global imperialista y multinacional se constituye como una defensa reaccionaria de los sectores de clase identificados con una «supuesta» burguesía nacional de los pueblos oprimidos. Esta política es hoy impulsada por

sectores de la burguesía estatista-nacionalista localizada en los territorios donde hay pueblos oprimidos por el estado-nación principal, con el único propósito de extraer determinadas cuotas de poder en el marco de una «negociación», de la cual el estado también saca importantes beneficios políticos, como la utilización del clima de «expectativa política» que se genera con esta reivindicaciones, lo que constituye un apreciable “capital político»” en un previsible proceso de reestructuración de las formas organizativas del territorio del estado, a utilizar como maniobra política en aquellos momentos de crisis profunda de credibilidad del estado, como la actual.

Consecuentemente, la autodeterminación de las naciones oprimidas no podrá ser una consigna revolucionaria jamás. Solamente puede determinarse como revolucionaria, y por tanto, de liberación de los pueblos oprimidos, aquella política que sitúe el centro de su posición en la defensa del ejercicio de la democracia popular, en la cual son las comunidades quienes ejercen directamente la democracia, debaten y toman todas las decisiones de la vida política de la comunidad.

Séptimo.- El concepto de «nación» es una categoría jurídico-política implementada por el estado para dar consistencia ideológica al marco territorial del poder, conjuntamente para el desenvolvimiento del capitalismo. El concepto de «pueblo» no puede ser asimilado al de «nación», el de pueblo es histórico y real. El pueblo está constituido por comunidades humanas estables, con cierta movilidad interior y exterior, variable según cada momento y circunstancia histórica, pero intrínsecamente estable, caracterizado por la concurrencia de factores culturales propios, adquiridos durante cientos e incluso miles de años, entre los que tienen especial relevancia la lengua, determinada forma de ser, las formas culturales de la convivencia que se reflejan en el folclore, la gastronomía, determinadas expresiones artísticas, practicas productivas, etc., y todo ello identificado en un territorio concreto. Por consiguiente, el pueblo es un concepto que define una realidad, y está determinado por lo común que le es propio. Y se diferencia de otro pueblo porque este otro se identifica por un «común» que es, por su propia naturaleza existencial, diferente.

Octavo.- Por lo tanto, la libre determinación de los pueblos oprimidos por los estados-nación, o estados-multinación, debe entenderse y concretarse en el proceso de la revolución integral, social-popular, por la cual se sustituye el vigente sistema de poder estatal capitalista por un orden democrático, que por su propia esencia, respetará las identidades de los distintos pueblos, y de las comunidades que los integran. La forma de relación entre los diferentes pueblos entre sí será igualitaria, alcanzándose entre éstos aquellos acuerdos de convivencia, cooperación y colaboración que estimen oportuno para el beneficio de sus respectivas comunidades, y que podrán revestir aquellas formas confederadas que superen las actuales fronteras políticas entre estados-nación. Las diferencias religiosas, étnicas, civiles no podrán constituir elementos de diferenciación popular, puesto que la democracia omnisoberana implicará la más completa libertad civil y de expresión. Las comunidades «sin historia», artificiosamente surgidas por la expansión estatal-capitalista- imperialista deberán tomar como base de sus relaciones de identidad los elementos culturales comunes que les van definiendo, con respecto escrupuloso de la libertad de conciencia y de los derechos civiles.

Noveno.- La libre determinación de los pueblos oprimidos por los estados-nación, o estados-multinación global-imperialistas, no podrá alcanzarse de la mano de las instituciones de poder de los estados o apadrinados por éstos. Ni de hipotéticos procesos «neutrales» estatistas de liberación nacional propugnados por la izquierda o el nacionalismo burgués o pequeño-burgués. La libre determinación de los pueblos oprimidos será parte del proceso de la revolución integral, o no lo será. Esta justa reivindicación forma parte del programa estratégico de la revolución integral y ha de plantearse de forma conjunta e integrada en el conjunto de transformaciones revolucionarias a efectuar. No es posible plantearla como «cuestión» previa, ni marginal, al contrario, debe formar parte del conjunto de tareas transformadoras esenciales a acometer: parte de la revolución política, pero también parte sustancial de la revolución en la conciencia, de la construcción política de un sujeto capaz de sostener una sociedad convivencial, igualitaria, defensora de los valores propios de una moral de esfuerzo y servicio desinteresados orientado hacia el bien común, con respeto de las culturas, con libertad de conciencia, libertad política y civil para todos y todas, pero también con la eliminación del trabajo asalariado y servil de cualquier forma, con la incorporación -en condiciones de igualdad- de la mujer a las tareas centrales de la sociedad, y sin discriminación alguna de nadie en razón a la raza, sexo o cualquier otra orientación personal o social que deberá quedar en el ámbito estricto del conjunto de libertades políticas y civiles.

Félix Rodrigo Mora, enero de 2013

NOTAS:

[1] Dice la Declaración de las ONU: «El derecho de libre determinación de los pueblos o derecho de autodeterminación es el derecho de un pueblo a decidir sus propias formas de gobierno, perseguir su desarrollo económico, social y cultural, y estructurarse libremente, sin injerencias externas y de acuerdo con el principio de igualdad».

Lenin plantea: «Por consiguiente, si queremos entender lo que significa la autodeterminación de las naciones, sin jugar a definiciones jurídicas ni inventar definiciones abstractas, sino examinando las condiciones históricas y económicas de los movimientos nacionales, llegaremos inevitablemente a la conclusión siguiente: por autodeterminación de las naciones se entiende su separación estatal de las colectividades de otra nación, se entiende la formación de un Estado nacional independiente». V.I. Lenin, El derecho de las naciones a la autodeterminación, 1914.

[2] Estratégicamente, EEUU, como actual potencia hegemónica, China, Rusia y UE. Tácticamente, con los bloques de poder: EEUU-UE y China-Rusia.


Anarcoindependentismo en Bretaña

“Por su cultura específica, su historia, sus lenguas, su sentimiento comunitario, los bretones constituyen un pueblo. Todo pueblo tiene el derecho a existir como tal . Estamos a favor de la independencia de Bretaña para tomar nuestro futuro en nuestras manos, desarrollar nuestras lenguas y nuestra cultura y reparar los daños infligidos por el colonialismo francés: aculturación, pérdida de nuestras lenguas, dependencia total del Estado… Queremos ser protagonistas de nuestra historia…”

LEER O DESCARGAR EL PDF COMPLETO 


Palabras de Azarug en homenaje a Secundino Delgado

Palabras de Pedro El Gasio, en representación de la organización juvenil Azarug, pronunciadas en el Homenaje a Secundino Delgado, tributado por los 100 años de su muerte en Santa Cruz de Tenerife el día 5 de mayo de 2012.

 

 


La Comuna de los Balcanes: el levantamiento de 1903 en Macedonia y Tracia

Prácticamente desconocida, la insurrección contra la dominación turca de la zona de los Balcanes en 1903 lleva una inequívoca huella libertaria. La lucha para liberar Macedonia y Tracia de la dominación política de los turcos otomanos fue de naturaleza claramente revolucionaria. Al ser liberados temporalmente sus territorios, el pueblo se organizó por sí mismo de forma comunal y asamblearia. Solución conjunta a la opresión nacional y social bajo formas anarquistas.

Editado como libro bajo el título de La Comuna de los Balcanes, puede leerse su texto mediante el siguiente pdf: http://www.enxarxa.com/biblioteca/Levantamientos%201903%20Macedonia.pdf


Recopilaciones de textos sobre anarcoindependentismo

– Pdf titulado Recopilación de textos sobre anarcoindependentismo (I parte), de 60 páginas:

  • “Anarcoindependentismo: la facción más desconocida del movimiento libertario”.
  • “Los clásicos anarquistas y los movimientos de liberación nacional”.
  • Bakunin: “Patria y nacionalidad”.
  • Mackno: “Unas palabras sobre la cuestión nacional en Ucrania.”
  • Extracto de Cappelletti, A: La ideología anarquista.
  • Posturas de la CNT:
  1. CNT Canarias: Federalismo libertario.
  2. VI Congreso de la CNT. La CNT ante los nacionalismos.
  3. “La CNT de Valladolid ante la celebración de Villalar, día nacional de Castilla”.

Realizado por la Distribuidora Peligrosidad Social: http://distribuidorapeligrosidadsocial.files.wordpress.com/2011/11/20-recopilacic3b3n-de-textos-sobre-anarcoindependentismo-amarillo.pdf

– Pdf titulado Tradición libertaria y luchas de liberación nacional. Incluye:

  • Organisation Communiste Libertaire: “Las luchas de liberación nacional”. .
  • Grupo Ikària: Por la independencia total y la anarquía sin límites.
  • Rudolf Rocker: “La patria como la comunidad del idioma”.

Para descargar: http://www.lahaine.org/b2-img/tradicion_libertaria_liberacion_nacional.pdf

– Artículo en la revista vasca Ekintza Zuzena: “Nación y anarquismo. Notas para una discusión más allá de las caricaturas”.

– Artículo en Rebelión: “Lecciones de la guerra israelí-libanesa (2006). El debate anarquista entorno a la liberación nacional”.


La revolución majnovista en Ucrania (“Territorio Libre”)

Algunos enlaces para empezar a conocer esta experiencia:

Revolución majnovista.

Anarquismo en Ucrania.

Ejército Negro.

Néstor Majnó (Nestor Makhno).

El cosaco de la anarquía.

Majnó: Unas palabras sobre la cuestión nacional en Ucrania.

Volin: La revolución desconocida.

Archivo Néstor Makhno.

 

Néstor Makhno, campesino de Ucrania (película documental).

 


[Desde Puerto Rico] Reflexiones filosóficas sobre el anarquismo y las luchas nacionales en un país colonial

Prólogo introductorio a la situación anarquista y la idea “patria”

          El principio básico de la solidaridad, que en el anarquismo se relaciona directamente con la practica de la libertad, nos lleva a simpatizar con cualquier situación que intente y/o busque la emancipación –compréndase, que se persiga o se obtenga en grados mayores o menores la libertad socioeconómica y política—, tanto del ser humano como de la sociedad en un país particular o en la esfera global. Pero cuando comprendemos que esa emancipación esta cargada de un sentimiento nacionalista y no socialista, sea libertario o no, nos encaminamos a un estado de reflexión, que va mas allá de la pura idea de solidaridad. Nos detenemos, y pretendemos no ser participes de una lucha que no llevará a los seres humanos de un país o del mundo a la libertad que consideramos es la más cercana a la real: la Anarquía. La pregunta que nos asfixia moralmente es: ¿al participar de una lucha como ésta, traiciono mis ideas anarquistas o al no participar traiciono a la misma idea de libertad, que es la finalidad principal del anarquismo; en cierto modo, no es la misma idea que buscan los hombres y mujeres que luchan por la emancipación colonial que los aflige, aunque esto no los lleve a una transformación cualitativa del sistema que los oprime?
          En nuestra actualidad, es decir, en Puerto Rico, la situación colonial es realmente palpable. No sólo podemos llamarnos la colonia más vieja del mundo, sino que en América somos el único país en no obtener, aunque sea una vez, la independencia. Llevamos desde el 1492, fecha infame que marca el comienzo de la conquista y cristianización de las primeras sociedades americanas, el adjetivo de colonia. La fase colonial tradicional que la monarquía española impuso, comenzó a partir del 1508, con la llegada de Juan Ponce de León a la isla, no se ha detenido con la derrota del imperio español en la guerra Hispano-Cubana, sino que ese mismo año, 1898, la isla fue invadida militarmente por los Estados Unidos y se mantuvo, como es lógico, la colonia, pero de una de tipo clásico pasaron a una colonia moderna militar, que tras el uso de los juegos legalistas y lingüísticos, se disfrazó al poder colonial, con un velo de autonomía, en un país incorporado, que para el 1952 le llamaron el Estado-libre-Asociado-de-Puerto Rico.
          Aunque la destrucción de la sociedad amerindia es un hecho innegable en nuestro país, no podemos hacernos la idea de que la sociedad que se gestó para el siglo XVI es una sociedad fruto de un proceso colonial, ya que si seguimos las teorías de Kropotkin sobre el sentimiento o principio de sociabilidad (apoyo mutuo) lo que se demarca es una consecuencia lógica con el que se organiza una especie para sobrevivir las circunstancia materiales y psicológicas en la naturaleza (entiéndase las concepciones políticas sociales de un grupo de individuos que interactúan en un lugar determinado). La sociedad puertorriqueña no es una construcción de los reyes católicos de España, sino todo lo contrario, la sociedad puertorriqueña es el proceso evolutivo de una parte de la humanidad que llevó a cabo la tarea de mejorar, aunque sea en principio, su condición material. Claro está, no podemos ser ingenuos, todo progreso concibe en sí la esencia de las costumbres adquiridas de sus antiguas etapas, tanto buenas como malas. Parte de la cultura puertorriqueña es un proceso de evolución inconsciente de los hábitos de los hombres y mujeres españoles, africanos, holandeses, ingleses, alemanes, daneses, corsos, italianos, moros, canarios, vascos, portugueses, en fin de una gran gama de hombres y mujeres que por circunstancias diversa fueron a parar al archipiélago puertorriqueño. Es por ello que hablar de una construcción de sociedad es un disparate, es mejor decir que la sociedad puertorriqueña, tras su proceso evolutivo de varios siglos (siglo 16 a 20) de reorganización de una parte de la especie humana, fue oprimida por la concepción ideológica (monárquica, mercantil y burguesa capitalista) de un pequeño grupo (el imperio español y el republicanismo liberal de los Estados Unidos) de hombres que dominados por el lucro del poder, impusieron un modelo de cultura que desnaturalizó al grupo de humanos que emigró a la isla.
          Cuando un grupo de seres humanos se asienta y se reconoce como parte integral de un lugar (hablamos de un territorio físico: un país) este no podrá nunca aguantar que se le robe y se usurpe el lugar en el que vive. Por otro lado, no podrá soportar que se le esclavice y robe el fruto del trabajo que hace –es decir que se le robe el producto que creo en el lugar o gracias a los recursos del lugar (la tierra) — en dicho país. Es aquí, donde aparece el sentimiento patrio, un sentimiento de pertenecía a un pedazo de tierra, que se demarca por divisiones contractuales o ambientales, o un sentimiento de pertenecía por afinidades sociales en un lugar definido, que vinculan aspectos culturales, como el idioma, las tradiciones y una conducta moral, o una satisfacción individual y hasta ideológica. Todo esto, choca con la teoría anarquista que aspira y pretende cambiar las mentalidades conscientes que rondan sus filas revolucionarias. Los anarquistas quieren la destrucción del Estado y con ello toda idea de nacionalismos que proyectan las fuerzas de poder. Pero, el sentimiento de pertenencia no es un carácter necesario para el sentido de la palabra nacionalismo, sino un principio mayor que se relaciona, en la opinión de un anarquista, erróneamente con el nacionalismo estatista. Todos los hombres y mujeres, sean internacionalistas, por el lado anarquista o socialista estatista, o no, tienen en grados el sentimiento de pertenencia. Cada uno, reconoce que es de un lugar al que pertenecen, sea por nacimiento o por afinidad.
          El mismo Bakunin habla del patriotismo como un grado necesario para el camino de la emancipación social. Bakunin en Carta circular a mis amigos de Italia nos aclara la idea de patria y lo natural de tal sentimiento en la vida humana. Por un lado, cuando nos dice: “El Estado no es la patria; es la abstracción, la ficción metafísica, mística, política y jurídica de la patria”[1], nos pone en contexto que la patria como una manifestación del sentimiento de pertenencia no tiene nada que ver con el Estado, ése que para el siglo XIX los políticos de Francia, Prusia y Rusia elaboraron para aplastar el principio de Liberad, Igualdad y Fraternidad, no es para nada parte necesaria de los comportamientos naturales de los seres humanos con respecto a sus asentamientos territoriales o afinidades sociales que demarcan la toma de posición en el mundo. Una toma de posición que no vincula un apoderamiento sino un posicionamiento necesario para la vida de un grupo de seres humanos que comparten el mismo interés y la pertenencia en un mismo lugar (país).
          Nos dice Bakunin:
La gente sencilla de todos los países ama profundamente a su patria; pero éste es un amor natural y real. El patriotismo del pueblo no es sólo una idea, es un hecho; pero el patriotismo político, el amor al Estado, no es la expresión fiel de este hecho: es una expresión distorsionada por medio de una falsa abstracción, siempre en beneficio de una minoría explotadora.[2] (p.94)
          Bakunin es muy claro y enfático al hacer la distinción de patria natural del de patria política, que es sinónimo de Estado. La “gente sencilla” es el sinónimo del ser humano que al amar a esa patria natural, no porque se les obligue a ello, sino porque se siente parte de un grupo o lugar físico, será capaz de dar su vida para mantenerse en el lugar en donde se relaciona y vive. Por el contrario, cuando nos topamos con la idea de patria política se esta refiriendo a nacionalismo estatal. La patria política pasa hacer la estructura de dominio de un territorio, de una idiosincrasia y de una economía, y es entonces, donde la idea patria se desnaturaliza, es decir, se separa de la natural tendencia a amar a la patria (entiéndase se oculta forzosamente el sentimiento de permanencia que los seres humanos tiene ante un lugar o sociedad-cultura). Por consiguiente, ¿cuál es la esencia de la patria o la nacionalidad en el pensamiento bakuniano, que influencia directamente en el amplio pensamiento anarquista? Para Bakunin es:
Una patria representa el derecho incuestionable y sagrado de cada hombre, de cada grupo humano, asociación, comuna, región y nación a vivir, sentir, pensar, desear y actuar a su propio modo; y esta manera de vivir y de sentir es siempre el resultado indiscutible de un largo desarrollo histórico[3].
          Hasta ahora sólo hemos hablado de la idea del sentimiento de pertenencia material (un territorio, país, comunidad, etc.), pero también existe el sentimiento de pertenencia por afinidad. Éste se da cuando un individuo se conecta a una serie de hechos histórico-sociales que le satisfacen grandemente y que le inspiran un sentir amoroso por la cultura y vida social de un lugar (país) o ideas afines (por ejemplo, la idea de la federación antillana, la ideas bolivarianas y la concepción de federación mundial libertaria, donde el sistema socioeconómico es el anarco-comunismo). Esta característica del sentimiento de pertenencia por afinidad se presenta en grados: entre más grande es el sentimiento, mayor será el amor patrio (patria natural) que envolverá al individuo. Es por ello por lo que nos podemos encontrar un noruego viviendo en indochina o un extranjero, por ejemplo, el general San Martín, dando su vida por la independencia de todo un continente[4]. De igual forma, podremos entender como un puertorriqueño del siglo XIX, como Juan Rius Rivera[5], fue capaz de dar su vida en la guerra de los 10 años en Cuba. Éste actúo por la afinidad de ideas, porque comprendió que la lucha por la independencia de tal país es idéntica y necesaria para la independencia de su país (Puerto Rico), que se define en términos generales en que Rius Rivera luchaba en Cuba por la libertad de la especie que vivía momentos idénticos de opresión colonial. Aunque la afinidad en este caso no es vinculante a sólo un país, la afinidad de ideas que relacionan la idea de libertad de los países lleva al individuo a tomar como suya la lucha social, como si se es tuviera dándose en su propio país. Sin ir más lejos, el ejemplo de la guerra civil en España fue la manifestación material del sentimiento de pertenencia por afinidad de ideas que circunscribe de mejor forma como los seres humanos de gran parte del mundo dieron su vida por una causa realmente noble, la lucha contra el fascismo. Para un anarquista la revolución española del 36 es el ejemplo de solidaridad internacional mas grande que se ha dado en toda la historia del anarquismo, pero si profundizamos en los hombres y mujeres que fueron a tal guerra, sin importar que fueran anarquistas o no, lo que se soslaya es que un sentimiento mayor (el sentimiento de pertenencia por afinidad), que es regido por una ley natural (la ley general de apoyo mutuo), influencio en la decisión de los individuos para ir y dar su vida por la lucha de los españoles para que así el fascismo no llegara a tomar el poder en España y se fortaleciera, por consecuencia, en toda Europa. Como podemos ver, más que un acto preñado de ideologías políticas, como lo es una guerra civil o guerra de independencia, que comúnmente se hacen para acabar con el colonialismo, se dan bajo un impulso dado inconscientemente por el sentimiento de pertenencia, tanto material como por afinidad. Para más detalles, sólo hay que leer detenidamente la historia de las independencias de América y darse cuenta como el discurso no se individualizaba, sino que se generalizaba para que todo el que se sentía oprimido en América se solidarizase con cualquier intento de revolución, ya que todas llamaban a las ideas de Patria, Justicia y Libertad.
          Pero, dónde encontramos el problema que nos llevó a hacer la pregunta inicial. Es muy bien sabido que los anarquistas de todo el mundo siempre se han insertado en todas las luchas, sean coloniales, de independencia o luchas sociales –por no decir socialista, porque realmente no hemos tenido nunca un a revolución socialista—, que les han parecido prometedoras. Y no estamos dudando de ello. Pero, durante la historia nos hemos percatado que los anarquistas han colaborado en todas las luchas sociales, pero tan sólo hemos escuchado: el anarquista tal y no el sector organizado anarquista que se unió completamente a la lucha por la eliminación de un gobierno colonial, imperial, monárquico, etc.; siempre es un(o) anarquista. Un ejemplo único que explica la crítica, pero nos ayuda para contestar la pregunta, es la Confederación Nacional del Trabajo (CNT) que es un grupo organizado legendario en España, que luchó como cuerpo anarquista en la defensa de la República azotada por las filas del fascismo franquista para el 1936 al 1938. Pero la CNT es un ejemplo muy particular, las tensiones que se estuvieron dando durante los años de la República fue aprovechadas por el sector sindical del anarquismo español para concretizar la revolución social libertaria. Acuérdense de Oviedo, de Casas Viejas y de las huelgas generales en Barcelona y Madrid antes del 36. Realmente la CNT-FAI (Confederación Nacional del Trabajo-Federación Anarquista Ibérica) estaba haciendo una revolución social y libertaria a la par que participaban de la lucha contra el fascismo franquista que azotaba a España. ¿Cuál es la crítica y cuál es el fondo que une a ambas ideas en una sola? La CNT es española y vela por hacer de España un país, por medio del sindicalismo, cada vez más anarquista. Por otro lado la FAI es un grupo organizado de españoles, portugueses y franceses –muchos de ellos son españoles exiliados— que buscaban con la guerra del 36 comenzar el plan anarquista de transformar la sociedad. En el fondo ambos grupos estaban manifestando ese sentimiento patrio al luchar por el lugar (España y Portugal) al que pertenecen, no por obligatoriedad sino por ese impulso natural de los animales gregarios a asentarse en un territorio que reconocen como idóneos para vivir. Claro está, cada uno con grados distintos de manifestación. Pero, concretemos el asunto moral que la pregunta nos hace. La CNT-FAI, aunque manifestaban el sentimiento de pertenencia por el lugar en el que ejecutaban los intentos de transformación, no pretendieron nunca luchar por España, como nación-estado, sino por hacer de España el inicio de la transformación internacionalista de una nueva sociedad mundial. Nunca traicionaron sus ideales anarquistas y nunca faltaron a la idea de protección de su terruño patrio (patria natural, como la entendió Bakunin). Dado, este ejemplo y reflexión, podremos los anarquistas puertorriqueños analizar la circunstancia colonial que sufre país, que es el lugar donde pertenecen por el resultado del desarrollo de la especie humana que se posicionó siglos antes.
La identidad nacional, la colonia y la independencia
          La identidad nacional es la manifestación lingüística para presentar de forma tergiversada el sentimiento de pertenencia, llevado por grupos que sólo toman como correcta el término de patria política. Pero, ahora conscientes del término patria natural como la manifestación inconsciente del sentimiento de pertenencia que tiene un individuo en su relación social con otros individuos que se encuentran en un lugar especifico (país), podremos entonces recuperar la identidad nacional tal como debería ser entendida y así hacer una descripción de la idea de la nacionalidad para la isla de Puerto Rico.
          Pero antes sería correcto comprender como el anarquismo percibe la idea de lo nacional, y en específico la idea de liberación nacional en los pueblos sometidos a opresión colonial. Bakunin siempre ha concebido “la idea de revolución social íntimamente ligada a la liberación nacional de los pueblos sometidos”[6], es por ello por lo que proclamó la idea del paneslavismo como forma de emancipación de los pueblos eslavos que sufrían los yugos imperialistas de Rusia, Austria, Prusia y Turquía. Este paneslavismo tiene como base a la libertad e igualdad absoluta de todos los individuos que se consideran parte del pueblo eslavo[7].  Cada país que está bajo la opresión de otro tiene el derecho inviolable a tomar las armas, si es necesario, para acabar con la negación de la libertad, que toda ideología progresista de izquierda o moderada exige para sí mismo. Si cada individuo perteneciente a un grupo determinado rechaza que se le usurpe y robe el trabajo que ha hecho para darle cuerpo al lugar que llama país, ese que no sólo le da lo necesario para vivir, sino que refleja la personalidad modelada por el progreso evolutivo de años de convivencia, tiene lo que llamamos comúnmente una identidad nacional. La identidad nacional es una manifestación psicológica que es adquirida bajo la convivencia y el aprendizaje de un individuo que nace o se introduce en una sociedad-país. Las relaciones de convivencia pueden encontrarse manifestadas por aspectos sociales, como las tradiciones culturales, las políticas públicas y, en casos reales, las ideas religiosas; y por otro lado, el especto económico, como los es la división de clase y las ideas gestoras de la economía que mueve a un país, concretizan, mas en nuestra actualidad, estas relaciones de convivencia que son parte de la identidad nacional. Pero, la separación de la dualidad económico-social haría que la comprensión de la identidad nacional real (natural) se perdiera y tendiera a caer en la representación conservadora capitalista nacional, que lleva años imponiéndose, haciendo que los socialistas rechacen las luchas nacionales como necesarias para la emancipación social, que es en nuestra actualidad, la practica necesaria para dar con el socialismo.
          ¿Cómo podemos seguir pensando que solamente las relaciones económicas son la base de la sociedad actual? Sí es cierto que las relaciones económicas son una gran parte del proceso histórico que forma la gran idea de sociedad, pero la economía no puede ser la causa principal que haga que los seres humanos se unan para formar sociedad. Hay una serie de hechos y causas que preceden las relaciones socioeconómicas de la actual sociedad capitalista. En los párrafos anteriores ya hemos mencionado las reglas de solidaridad, que es la manifestación de ley natural y factor de la evolución: el Apoyo Mutuo. Y como consecuencia de tal regla surge el sentimiento de pertenencia, que es uno de los factores principales para el surgimiento de la sociedad y luego del país (una patria). Para que haya sociedad debió haber antes un proceso de transformación (evolución) en la mentalidad de los seres humanos que se relacionaron en un lugar determinado y, luego, cuando se concretizan los modos de relacionarse de un grupo de individuos es donde podemos hablar de cómo se relacionaran económicamente los individuos de ese lugar, ahora como país, y como lo hacen con otros países.
          Cuando en el socialismo[8] se habla de que las luchas nacionales o de independencia no son importantes para la emancipación de la clase oprimida[9], es porque tales luchas no se dan bajo el análisis de las relaciones económicas de producción. Donde la producción se considera, como también el intercambio económico, como aspectos que se dan en el capitalismo bajo el ámbito internacional y no bajo un marco nacional. Por lo tanto, es por lo que el socialismo tiende a una lucha mas internacional, ya que los problemas económico por lo que se ha de luchar son mas amplios que las circunstancias nacionales que sólo delimitan las necesidades inmediatas que una nación necesita. El anarquismo ha pecado, perdonando la expresión, de demasiado internacionalismo. Las ideas de revolución social y de la guerra contra el Estado y el capitalismo son correctamente luchas internacionales, pero esto no quiere decir que en lo internacional no se implique a sus matices regionales o nacionales. Lo internacional se da cuando una situación o fenómeno implica a todos los sectores del planeta. Hay explotación en Puerto Rico como en la República Popular China y hay capitalismo aquí como en Corea del Norte; y hay la misma necesidad de revolución social en todas estas partes del planeta. Es decir, ambos son problemas que afectan internacionalmente a todos los trabajadores del mundo, pero cada trabajador se encuentra en un país particularmente distinto al otro y éste tiene que lidiar con los matices socioculturales de su país, para dar con la lucha mas acertada contra los mismos problemas.
“Pero seguramente el error más cínico ha sido plantear la liberación nacional como un obstáculo para una liberación internacional. No se puede concebir ésta sin la liberación previa de cada una de las unidades más pequeñas. Se ha confundido el internacionalismo, el cual se ha de basar en la solidaridad entre las comunidades nacionales, con un interestatismo, el cuál reproduce fielmente el marco territorial, el marco patriótico del estado”[10].
          El anarquista Bonanno es de los que plantea que la lucha internacional libertaria no puede tener éxito si los anarquistas no consideran las luchas nacionales como partes importantes de desarrollo revolucionario para la construcción del federalismo libertario de la sociedad.
“Los anarquistas deben proporcionar todo su apoyo, concretamente en la participación, teóricamente en los análisis y estudios, a las luchas de liberación nacional. Esto debe empezar desde las organizaciones autónomas de los trabajadores, con una visión clara de las posiciones enfrentadas de clase, que ponga a la burguesía local en su correcta dimensión de clase, y prepare la construcción federalista de la sociedad futura que vendrá tras la revolución social”[11].
Por otro lado, en el texto de Independentismo y Anarquismo expresan: “[…] es necesario ver que si la clase trabajadora no es independentista, actualmente tampoco es anticapitalista”[12]. Las condiciones de los independentistas como de los anarquistas y socialistas estatistas son las mismas dentro de una colonia. Mientras, el país en el que viven y luchan este bajo el yugo de un país imperialista, remitámonos a Puerto Rico y el dominio colonia que tiene los Estados Unidos sobre él, no podrán para nada seguir adelante la tarea de la revolución social. Primero, porque los países opresores provocan la alienación de los pobladores, tanto económico como culturalmente, haciendo que se oscurezca el sentimiento de pertenencia (la patria natural) que se refleja por medio de la tradiciones, el idioma y las costumbre morales, para así imponer la tergiversada idea de patria política como significado de nación y así impedir que los seres conscientes del país no promueva cambios sociales que los lleve a perder el territorio que usurpan. Segundo, el gobierno opresor, que en Puerto Rico como país colonial, impone el sistema de explotación capitalista, construye una estructura de poder estatal fuerte en el que se le permita obtener el plusvalor mayor del trabajo que los ciudadanos (puertorriqueños) producen en el país. Aún más, en el caso de Puerto Rico, el gobierno de los Estados Unidos creó las condiciones para que las empresas, especialmente estadounidenses, pudieses explotar a los trabajadores y sacar el plusvalor (ganancia) mayor, sin tener que invertir mas del mínimo requerido, y así enriquecerse a costa del trabajo y del esfuerzo de los puertorriqueños. José Elías Torres, en su libro Filiberto Ojedas Ríos: su propuesta, su visión, nos resume el trabajo opresor que los países imperialistas y capitalistas hacen para debilitar a los ciudadanos del país que colonizan:
“Por un lado, encontramos las fuerzas de naturaleza colonial que impone un sistema socioeconómico y político. Estas fuerzas, a su vez, generan unos procesos sociales afines a sus estructuras de dominación y opresión. De esta manera aseguran la explotación económica, la subordinación política y psicológica y la desintegración cultural y nacional. Todo esto, unido al control absoluto de los mecanismos represivos del estado, les permite evitar cualquier cambio en el sistema actual”[13].
          Es por tanto, por lo que algunos compañeros anarquistas, como los catalanes de Grupo Ikaria, en el libro citado de Independentismo y Anarquismo, nos expresan que la clase proletaria, tiene que ser independentista para ser anticapitalista. Es entendible tal preposición. Si un grupo de personas no se incomoda por su situación colonial, no podrá para nada pensar en sentirse explotada y en consecuencia luchar contra la estructura superior que es el capitalismo. En Puerto Rico, tras la imposición de ELA[14], que no es sino el disfraz del colonialismo moderno, se produjeron programas que enfriaron las ideas independentistas de la mente de la mayoría de la clase pobre. El proyecto de Manos a la Obras y las ayudas económicas federales (los subsidios o cupones) que el Partido Popular Democrático (PPD)[15] promovió como parte del progreso, no son más que Baile, Botella y Baraja. Mientras un pueblo no tenga físicamente problemas económicos, éste no tendrá intenciones de sublevarse; aunque reconozcan que el status en el que viven no es realmente el más natural (por natural debemos entender el estadio que Kropotkin relacionaba con la libertad y la igualdad o equidad). Es por tanto, por lo que los grupos anarquistas tienen la tarea de insertarse en las luchas independentistas o nacionales, porque tiene que educar al pueblo de que el orden social en que viven no es la panacea, por el mero hecho de ganar dos pesos más que la media pobre. Es aquí donde se funde, se sintetiza el internacionalismo y el nacionalismo (como forma no estatista). Para que un país colonizado, como Puerto Rico, pueda en el futuro ser anarquista, los revolucionarios tienen que hacer comprender y luchar por la liberación de los pueblos oprimidos, primero desde un punto nacional y luego, ligarlo a la transformación social y política del país, que tenga como finalidad la recuperación de la esencia de la libertad que tanto fomentamos: esa libertad, nosotros los anarquistas, la exponemos y materializamos bajo la federación libertaria de los pueblos del mundo. Es decir, para desarrollar el Comunismo Libertario. Resumiendo, los anarquistas que viven en países colonizados, como Puerto Rico, los países catalanes, vascos y canarios, y muchos otros, tienen un deber ético revolucionario que es participar de las luchas nacionales, pero con la finalidad de que “[…] la liberación nacional va más allá de la simple descolonización interna”, sino que la liberación nacional es un ataque directo al “[…] imperialismo del desarrollo capitalista, poniendo el objetivo de la destrucción del Estado político en una dimensión revolucionaria”[16]. Es por lo que “la necesaria síntesis entre anarquismo e independentismo supone la liquidación del estado en cualquiera de sus acepciones”[17].
          Sin embargo, es de suma importancia decir que hay muchos compañeros ortodoxos, desde el s. XIX hasta hoy, que rechazan ésta idea de lucha[18]. Es por ello por lo que esta reflexión tuvo la intención de aparecer. Desde el s. XIX existe esta discrepancia: lucha nacional –vs— lucha  internacional. La historia del anarquismo en Cuba nos sirve como punto de apoyo para dar cuenta de esta necesidad que tienen todos los anarquistas de cada país colonizado en insertarse en las luchas nacionales. Así también demostramos como el anarquismo ha errado sobre este asunto durante mucho tiempo, aunque ya Bakunin estaba bien claro de que sin una lucha nacional lo internacional no se podrá dar en los países coloniales. Los anarquistas cubanos, quienes fueron criticados por los compañeros barceloneses en el periódico Tierra y Libertad, para el 1890, les hacen claro que aunque persigan las mismas ideas, cada país es distinto y tiene particularidades regionales que se tiene que tener en cuenta a la hora de llevar a cabo las acciones para la construcción de la revolución social. Es por ello por lo que los cubanos del Productor[19] de la Habana les dijeron: “<<Estamos de acuerdo, en cuanto a los principios, pero ¡ah colega! media entre nosotros una distancia de 1500 leguas, y ya comprenderéis que si Cuba no es Barcelona, de algunos medios hemos de valernos para poder propagar las ideas que nos alientan>>”[20]. El anarquista cubano del s. XIX tenia conciencia de esta necesidad, para el 1890 un impresor anarquista escribió; “<<El obrero, jamás debe olvidar su patria, porque ese amor es innato a todo ser racional>>[21]” y en una edición del Productor de la Habana se dijo, con el propósito de hacer claro la necesidad de acabar con el autoritarismo del colonialismo español: “<<Ningún pueblo que tenga la menor conciencia de su personalidad, puede consentir la permanencia a su frente de tirano alguno, y se ha visto con frecuencia […] amotinarse los pueblos>>”[22]. La mejor demostración histórica que apoya nuestra reflexión es la propuesta que apareció en el congreso obrero que se dio en 1892 en Cuba donde los anarquistas presentaron una propuesta que hacia claro y firme la necesidad de ser parte de la lucha independentista que nació tras el tiranizante gobierno colonial de Cánovas-Polavieja. La propuesta dice: “[…] aunque sólo una revolución social de signo colectivista podía <<emancipar la clase trabajadora>>, la propagación del anarquismo colectivista entre <<la masa trabajadora de Cuba>> no podía ser un nuevo obstáculo para el triunfo de las aspiraciones de emancipación de este pueblo, por cuanto sería absurdo que el hombre que aspira a su libertad individual se opusiera a la libertad colectiva de un pueblo, aunque la libertad a que ese pueblo aspire sea esa libertad relativa que consiste en emanciparse de la tutela de otro pueblo”[23].
          En conclusión, todo anarquista que se encuentre en un país colonizado, como lo es Puerto Rico, tiene el deber moral revolucionario de participar de las luchas por su emancipación nacional y emancipación social. Por tanto, si rechaza la lucha nacional está rechazando sus propios principios de libertad. Pero, es aquí donde entran los distintos métodos. Participar de la lucha por la independencia no es asumir de antemano que el fin de la emancipación o independencia es la implantación de un gobierno estatal que siga con las mismas estructuras económicas de explotación[24]. He aquí la distinción de un nacionalista que tergiversa el término de patria por patria política y el de un anarquista que comprende por la palabra patria, el sentimiento natural –patria natural— que un individuo tiene por un lugar, donde vive socialmente hablando con otros individuos, o tiene afinidad socio-cultural por las costumbres de un lugar específico (país).
“La independencia es la ruptura con toda la forma de dominación, la no delegación de la propia capacidad de decisión y actuación. Es por eso que la independencia es esencialmente individual, antes que nacional, y, por descontado, mucho antes que estatal. Tomamos al individuo cómo base de un proyecto federativo que vaya articulando libremente las diferentes unidades poblacionales (comuna, comarca, región…) a partir de la previa independencia de las unidades más pequeñas.
”Esta es una independencia total, porque va hasta el final, hasta el individuo. Llegados a este punto, coincide con la anarquía. Pero se diferencia del proyecto anarquista y del independentista en que no parte de modelos estereotipados, como “federalismo de los pueblos de España”, “federalismo ibérico” o “reunificación de los Països Catalans”, sino que considera que la federación es el resultado de unas necesidades y aspiraciones colectivas, que se expresan libremente de forma espontánea y que reviste múltiples ramificaciones. Los Països Catalans no son para nosotros un marco patriótico (estatista) obligado. Son una propuesta hecha a partir de unos lazos étnicos lingüísticos”[25].
          Puerto Rico es una colonia del “imperio más poderoso del mundo”, los Estados Unidos. El colectivo de la Accion Libertaria, siendo en la actualidad el único grupo anarquista organizado de la isla debería promover, así como todos los grupos anarquistas de los países coloniales del mundo, la reflexión sobre la situación colonial y proclamar como fin primario la revolución social junto a la lucha por la emancipación colonial de sus países. Como anarquista, llevaré hasta las últimas consecuencias la libertad, proclamar la destrucción del Estado y fomentar la estructura descentralizada de comunismo libertario, pero sin olvidar las peculiaridades del lugar al que pertenezco. Es por ello que, como anarquista puertorriqueño tengo que sintetizar la lucha nacional, como parte del plan de revolución social para Puerto Rico, con las ideas internacionales de la federación mundial libertaria (El Comunismo Libertario) que es la finalidad material que central al ideal anarquista.
Damián Hernández Marrero
(Miembro del colectivo anarquista La Acción Libertaria)

[1] Bakunin, Mijail A. (1990). Escritos de Filosofía Política Vol. 2, compilación de G. P. Maximoff. Madrid: Editorial Alianza. P. 94.
[2] Bakunin; p. 94.
[3] Bakunin; p.95.
[4] El General San Martín, un argentino de nacimiento (criollo), fue uno de los grandes libertadores de Suramérica, luchó por la gran patria de América libertando a Chile, Bolivia y Perú del imperio español.
[5] Juan Rius Rivera fue uno de los puertorriqueños en participar activamente en la guerra de los mámbies para darle la independencia a Cuba. Perteneció al comité revolucionario cubano llegando a ser el segundo al mando de la revolución, y en algún momento se le mencionó como posible presidente de Cuba.
[6] Tomado de El Baifo, nº 5, pp. 14-19. Diciembre de 1991. Impreso de la Internet.
[7] El Baifo, nº 5.
[8] Debe quedar claro que no estamos haciendo crítica únicamente al socialismo marxista, sino a toda la gama del socialismo, desde la socialdemocracia hasta el socialismo libertario y estatista.
[9] Para el s. XIX, específicamente, la clases oprimida fue la obrera, en el s. XX y XXI las clases mas oprimidas han crecido y se han dividido por circunstancia nacionales e internacionales (los indígenas en América del Sur y Central, por ejemplo); todas estas divisiones y subdivisiones se dan por las mismas circunstancias socioeconómicas, pero con características sólo vinculantes a un lugar o grupo específico. Aunque podemos hablar de nuevas divisiones de clase, como lo es por edad: el sector juvenil[9] se siente oprimido y rechazado por una clase adulta, que tiene el control del poder, y no vela por su bienestar e integración en la sociedad-estado. Tenemos que tener en cuenta los recientes casos: los indignados en España, la huelga estudiantil de Chile, la huelga universitaria en Puerto Rico; como ejemplos donde el sector joven del mundo es marginado y llevado a plantearse la idea de que es una nueva división, es decir, una subdivisión de la clase oprimida por el poder económico político (sea capitalismo, neoliberal y hasta capitalismo de estado –el modelo chino—).
[10] Este texto, titulado Independentismo y Anarquismo, es un resumen, hecho por el Grupo Ikaria, de otro texto titulado “Por la independencia total y la anarquía sin límites”, que, a su vez, es una síntesis en castellano del libro: “Anarquisme i alliberament nacional”.
[11] Bonanno, A. M. Anarquismo y lucha de liberación nacional
[12] Independentismo y Anarquismo.
[13] Torres, José Elías ed. (2006). Filiberto Ojedas Ríos: su propuesta, su visión. Puerto Rico: Ediciones Callejón; p.143.
[14] Estado Libre Asociado de Puerto Rico.
[15] Este partido debe comprenderse como un partido colonizado, que trabaja para mantener el “status quo”, es decir, la colonia y sus estructuras socioeconómicas de estado. Bajo el mandato de Luis Muños Marin, fundador del partido PPD, se cometió la infamia de eliminar el ansia de libertad de la mente de los puertorriqueños. Se recurrió a llenar le los la barriga a los pobres y a hacerles creer que todo va hacia el progreso. Se repartieron tierras como si nunca hubiese sido de los puertorriqueños y se les hizo creer que con el trabajo que generaron las fabricas extranjeras el país saldría de la pobreza. Pero nunca se les dijo que el costo era permanecer como colonia y no intentar buscar la soberanía.
[16] Bonanno, A. M.
[17] Independentismo y Anarquismo.
[18] En el libro que el grupo catalán Ikaria resumió para la Internet, Independentismo y Anarquismo, ponen en evidencia como muchos compañeros en vez de perseguir la libertad imponen un dogmatismo religioso cuando hablan de práctica libertaria: “Cuando hemos planteado asumir la liberación nacional desde una perspectiva anarquista, hemos desencadenado la furia doctrinal de los sacerdotes anarquistas. Si esto sirve para que salgan de su letargo devocional ya está bastante bien: un movimiento sólo avanza a partir de herejías. Establecer unas líneas rígidas que tiene que seguir una idea que quiere liquidar cualquier poder, significa incurrir en una grave contradicción, dado que establecer este rigidismo no es otra cosa que dictar unos límites, unas prohibiciones, un nuevo poder. Y cuando una idea empieza a parecerse a una religión, es que el movimiento que la encarna está en franca descomposición”.
[19] Periódico obrero de tendencia anarcosindicalista para el s. XIX en Cuba.
[20] Casanovas Codina, Joan (¿). Movimiento Obrero y Lucha Anticolonial en Cuba después de la Abolición de la Esclavitud; p.28. Obtenido en el Internet.
[21] Casanovas Codina, Joan; p.34. Esta frase es semejante a lo que Bakunin dijo a los amigos italianos: “La gente sencilla de todos los países ama profundamente a su patria; pero éste es un amor natural y real”.
[22] Casanovas Codina, Joan; p.34.
[23] Casanovas Codina, Joan; p.39.
[24] “El programa anarquista en lo que respecta a la lucha de liberación nacional es, por tanto, claro: no debe dirigirse hacia la constitución de un “estadio intermedio” en la revolución social a través de la creación de nuevos estados nacionales. Los anarquistas rechazan participar en frentes de liberación nacional; participan en frentes de clase que no deben involucrarse en luchas de liberación nacional. La lucha debe dirigirse a establecer estructuras económicas, políticas y sociales en los territorios liberados, basado en la organización federalista o libertaria”; A. M. Bonanno en Anarquismo y lucha de liberación nacional. Hay que estar claro que cuando Bonanno nos habla de lucha nacional, se refiere a la luchar de independencia que los burgueses o estatistas buscan, pero para nosotros es muy comprensible que el anarquista Bonanno es muy conciente de la distinción entre patria natural de la patria política o estatal.
[25] Independentismo y Anarquismo.

Anarquismo y liberación nacional (Ikària, 1986).

FRAGMENTO DE LA PONENCIA DE IKÀRIA SOBRE ANARQUISMO Y LIBERACIÓN NACIONAL, PRESENTADA EN LOS ENCUENTROS INTERNACIONALES ANARCO-INDEPENDENTISTAS DE CERDEÑA, CELEBRADO EN DICIEMBRE DE 1986.

 

Tradicionalmente, la liberación nacional ha sido vista por los anarquistas con reticencias, incluso con hostilidad. A menudo se ha identificado con ideas como nuevo Estado, nuevas fronteras, interclasismo y demás, pensando en las burguesías liberales europeas del siglo XIX. Se ha querido liquidar el tema haciendo una formulación global en la que la extinción del Estado solucionara todos los males presentes. Pero una formulación global, aunque permite situar mejor las interrelaciones entre las distintas parcelas en que se manifiesta la represión y la resistencia, no tendría sentido si olvidase la especificidad de cada cosa, si aplazase hasta el día en que tengamos el cielo en la tierra la respuesta y la lucha o, si imaginase que acabando con el Estado se acaba con el viejo mundo que llevamos dentro, de un día para otro.

Tenemos claro que esta indiferencia por el tema que hoy está empezándose a romper aquí, en Barcelona, proviene de una real incomprensión del alcance de lo que podríamos denominar opresión nacional. Este es un tema peligroso, porque malinterpretado desemboca pronto en un interclasismo. Por ejemplo, la burguesía catalana encuadra políticamente dentro de CIU, forma parte del Estado español, de las instituciones que este mantiene en Catalunya, y especialmente del grupo económicamente dominante más interesado en conservar que en destruir, porque a pesar de su fraseología regionalista, no es un grupo social oprimido por ningún poder, ya que ella es el poder. En cambio, para los sectores sociales más castigados por el capitalismo, sí que ha existido, al lado de la explotación de clase, otras formas de explotación tendentes a la despersonalización y pérdida de consciencia e identidad, como factores necesarios a la estabilidad del poder político. El Estado necesita anular al máximo la individualidad, la diferencia, para crear un modelo de súbdito estable, buen demócrata en este caso, que acabe considerando al Estado como bueno, útil, imprescindible…

Este tipo de alienación se consigue de varias maneras: educación, religión, medios de comunicación, moral familiar, etc. Pero es indudable que la opresión nacional también ha jugado su papel. Si en vez de ser catalanes pensamos que somos españoles o franceses, estamos aceptando más cosas del Estado: sus absurdos límites territoriales, su falsa identidad.

Respecto a los Païssos Catalans (los de este lado de la frontera), el régimen del general Franco sintió especial predilección por atacar todo aquello que denotase individualidad catalana. El actual régimen prefiere evitar estos extremos y centrarse en un nuevo patriotismo, en el que la pluralidad refuerce y contribuya a la unidad. El objetivo es el mismo: dar una cohesión nacional a los territorios arbitrariamente reunidos dentro de las fronteras del Estado España, evitar una disgregación que podría ser territorial, pero también institucional.

No hemos pretendido nunca recuperar un nacionalismo popular. El nacionalismo toma postura afirmando –ya sea una idea, ya sea (tampoco necesariamente) un proyecto institucional nuevo–, mientras nosotros tomamos postura más bien negando. Negamos una situación concreta de agresión y despersonalización, pero ni tenemos claros unos límites geográficos ni mucho menos en ese Estado nuevo. Por eso nos encaja mejor el concepto de independencia, entendido siempre como ruptura de unas relaciones de sumisión indeseadas respecto al Estado. Y no tanto por el hecho de que este Estado sea extranjero, noción más que discutible, sino por el hecho de ser Estado, defendiendo, por tanto, también una independencia de un hipotético Estado catalán, tendenciosamente dicho Estado propio.

Pretender que un estado es propio, ya sea porque el alcance de su aparato administrativo-represivo coincide geográficamente con una nueva patria, emocionalmente más atractiva, ya sea porque se reclama de una nueva clase, socialmente más oprimida, forma parte de las ideologías con que un nuevo grupo dirigente camufla su acceso al poder político.

El núcleo de la propuesta anarquista es en realidad la voluntad de independencia total. Nuestra aportación consiste en fundir dentro de esta voluntad de independencia, el deseo de romper aquella opresión nacional a que aludíamos, con el deseo de antiautoritarismo; ningún poder sobre el individuo. El vínculo de unión está en el federalismo, que permite una coordinación de esfuerzos libre, no vinculante, pluridireccional y permanentemente rescindible, de abajo a arriba, del individuo a la comuna, a la comarca, a donde sea necesario.

Los tópicos anarquistas de un nuevo Estado, nuevas fronteras, interclasismo y otros, no tienen consistencia ni han de servir para pasar por alto el tema, protegiéndose en la comodidad de la opinión mayoritariamente aceptada. La liberación nacional forma parte de un proceso de lucha anticapitalista, en la que se busca independizarse, romper con unas relaciones de dominación a todos los niveles. Este proceso anárquico tiene ahora realizaciones concretas: abstencionismo laboral, okupación de casas vacías, insumisión contra el servicio militar, expropiaciones colectivas, aprovechar la cobertura de manifestaciones para apedrear comisarías y establecimientos concretos, formas de sabotaje, creación de pequeñas comunas, y otros. Como proceso, necesita una ruptura violenta con el actual estado de cosas, pero continua y tiene realmente sentido después de esta ruptura. En la medida que tengamos fuerza para impulsar iniciativas como comunismo libertario, autogestión, municipio libre o federalismo, no tiene sentido hablar de nuevos Estados, como entidades al margen de nuestro tejido social. Si no tenemos fuerza, no solo la liberación nacional, sino cualquier otra reivindicación pendiente, no podrá realizarse fuera del Estado, del actual u otros.

Acusarnos de querer crear nuevas fronteras es igualmente absurdo, sobre todo cuando la acusación proviene de un movimiento libertario histórico, que siempre ha reconocido las actuales fronteras de España como marco de lucha y de organización futura, asumiendo la españolidad e identificándose con la propuesta ideológico-territorial del estado al que quiere combatir. Queremos romper las actuales fronteras para dar paso a una libre federación. Tanto la reunificación propuesta por los independentistas, como la federación ibérica de los libertarios, parten de marcos patrióticos obligados. Si bien la idea de Països Catalans es muy válida, tiene que ir configurándose en la práctica, federativamente, de abajo a arriba, por descontado sin fronteras ni límites a una coordinación que más arriba hemos definido pluridireccional, esto es, simultáneamente a distintos niveles.

Finalmente, si el interclasismo de las reivindicaciones nacionales es un peligro real, más que servir de pretexto para inhibirse de los problemas, ha de servir de permanente punto de referencia para comprender que en la lucha contra el Estado y el capitalismo, el enemigo prioritario es la burguesía de aquí.

Revista Sabotaje (Madrid), nº 5. Enero de 1987.