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Tesis sobre liberación de los pueblos oprimidos

por Félix Rodrigo Mora

Los importantes cambios que se vienen produciendo en los últimos tiempos respecto del tratamiento político-estratégico dado a la llamada cuestión nacional, hace necesario que se definan al menos esquemáticamente los elementos claves para un tratamiento correcto de esta importante cuestión.

 

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Primero.- Desde que en el siglo XIV comenzara el desarrollo e implementación del estado moderno, éste va construyendo los fundamentos políticos e ideológicos que le van a dar consistencia y proyección futura. A la par que se favorece el desenvolvimiento de la estructura del poder centralizado a través del ejército permanente, la fiscalidad común, el conjunto de normas jurídicas de aplicación general y las relaciones de producción capitalistas, se avanza decisivamente en la construcción de una ideología sobre la que sustentar el aparato organizado para la coerción social, allí donde puede implantarlo, la ideología nacionalista. Ésta se presenta históricamente desde sus inicios como un fenómeno esencialmente europeo, luego convertida en categoría a imponer a sangre y fuego al resto del mundo.

Segundo.- Este proceso culmina en el inicio de la modernidad, esencialmente con el triunfo de las revoluciones liberales: inglesa, americana, y sobre todo la francesa de 1789, con la concreción del ideario de «soberanía nacional», «identificado» como soberanía popular, que se asocia a una nueva categoría de persona: el ciudadano, «dotado» de una relación de «derechos» y «deberes», que se identifican con los intereses generales del Estado. Este proceso de manipulación ideológica de alto nivel, dentro de la llamada «revolución liberal» ha sido impuesto además por la violencia más extrema a una sociedad mayoritariamente agraria y popular, o a la parte de ella que se resistiera. Este «triunfo» de la revolución liberal ha significando la mayor de las derrotas de los pueblos, primero los europeos y luego, del resto del mundo. Pero no solamente eso, además ha supuesto el obstáculo principal para el desarrollo de la auténtica democracia y de la cultura e identidades de los diferentes pueblos. Por tanto, ha significado a la par que un genocidio cultural e identitario, la imposición de un sistema de poder oligárquico con fundamento en la dictadura parlamentaria y una destrucción de la esencia concreta humana mediante las diferentes formas de esclavización de los seres humanos en el sistema productivo (trabajo asalariado, esclavitud residual, etc.).

Tercero.- Los estados-nación nucleares se constituyen en Europa hasta el siglo XIX, luego de una pugna continua entre las monarquías absolutas, que en guerras permanentes de mutua agresión de rapiña en sus respectivos territorios, van configurando las condiciones materiales de su implantación definitiva. Siendo la dinámica de la expansión una tendencia inherente a los estados fue inevitable que al tiempo se desarrollara en el mundo el proceso de implantación del modelo estado-nación, a través del colonialismo europeo en los siglos XVIII y XIX, y desde los inicios del siglo XX mediante el neocolonialismo que inaugura la potencia emergente EEUU.

A partir de ese momento comienza un proceso complejo que abarca dos fases: Una es la guerra continua entre estados colonialistas-imperialistas por hacerse con la mayor cuota de poder mundial, que se concreta en determinados momentos culminantes, como la Ia y la IIa Guerras Mundiales, la Guerra Fría y permanece en constante desarrollo, hasta el momento presente, con la perspectiva de la pugna EEUU-UE con China-Rusia. Dos, la promoción del llamado «ejercicio del derecho de las naciones a su autodeterminación» como efecto de recomposición del sistema mundial de poder que implicaba la imposición del Estado moderno y capitalista. Esta fue la política inicial de recomposición de los antiguos imperios centro-europeos, luego impulsada en el ámbito mundial en función del desarrollo del imperialismo. «Derecho» que se implanta en el mundo a partir de las catastróficas consecuencias de la Ia Guerra Mundial con la Sociedad de Naciones en 1919, y luego, la Declaración de la ONU, que concreta la Conferencia de San Francisco de California en 1945, acordada por el bloque imperialista vencedor de la IIa Guerra Mundial.

Cuarto.- La consigna de el derecho de las naciones a la autodeterminación se encuentra recogida en la Carta de las Naciones Unidas y en numerosas resoluciones de la Asamblea General de la ONU, es por tanto el derecho impuesto a los pueblos oprimidos del mundo por el imperialismo internacional confabulado contra el verdadero derecho: la libre determinación de los pueblos. Desde el momento en que tal «derecho» es asociado a la categoría de «nación», y ésta inevitablemente lo es al Estado, tal consigna se convierte en una trampa, en la que se esconde justamente la estrategia de expansión del modelo de organización social estatal en todo el planeta, se conquiste el derecho de autodeterminación o no.

La posición defendida por el marxismo no es correcta, es esencialmente idéntica al derecho estatista-burgués-nacionalista[1] e imperialista que concreta tal derecho en la constitución de un estado-nación. La realidad es que a los pueblos de todo el mundo se les ha impuesto un modelo de liberación fraguado en los hornos de la visión eurocentrista del mundo, el correspondiente a la soberanía nacional, que en realidad es el poder del estado actuando sobre una población, organizada en el ámbito cerrado de unas fronteras custodiadas por una fuerza militar para la defensa del enemigo externo y del interno (el pueblo en sus pretensiones de rebelión). La frontera constituye el límite del equilibrio de fuerzas entre las posibilidades de expansión del propio estado y las ambiciones del estado vecino.

Quinto.- La consigna de el derecho de las naciones a la autodeterminación ha sido utilizada históricamente como «excusa» por parte del imperialismo para intervenir en la guerra imperialista de disputa de zonas de influencia entre potencias imperialistas rivales, no para alcanzar algún tipo de liberación «nacional». Esta cuestión es particularmente aplicada desde la IIa Guerra Mundial hasta hoy mismo en África, Asia y Latinoamérica.

Esta consigna, defendida por el marxismo, el izquierdismo y el nacionalismo pequeño-burgués en Europa en los últimos 50 años, ante la persistencia de pueblos oprimidos por los Estados-«nación» europeos actuales, como España, Francia, Inglaterra, ha conducido a una derrota histórica del verdadero derecho a la libre determinación de sus respectivos pueblos, puesto que ha situado, indudablemente, a este movimiento a la cola de las políticas estatistas de recambio en una época de crisis profunda de los sistemas políticos de poder en toda Europa. En última instancia, no aporta nada más allá de lo que pueda plantear el Estado, puesto que su estrategia final es la construcción, precisamente, de un Estado, y éste será inevitablemente un aparato de poder gestionado por las elites del poder conjuntamente con el capitalismo.

Sexto.- La expansión e internacionalización del Estado, llamado eufemísticamente «globalización», supone una crisis del estado-nación, pero no en un sentido de su pérdida de función histórica, sino de crecimiento, con la determinación de bloques de poder, estratégicos y tácticos[2]. La defensa del modelo de estados-nación, realizada a la par por el liberalismo y el marxismo, es esencialmente errónea desde la perspectiva del pueblo; pero hoy es además una postura anacrónica, cuando justamente se encuentra en una crisis de sostenibilidad como política del estado-global imperialista y multinacional se constituye como una defensa reaccionaria de los sectores de clase identificados con una «supuesta» burguesía nacional de los pueblos oprimidos. Esta política es hoy impulsada por

sectores de la burguesía estatista-nacionalista localizada en los territorios donde hay pueblos oprimidos por el estado-nación principal, con el único propósito de extraer determinadas cuotas de poder en el marco de una «negociación», de la cual el estado también saca importantes beneficios políticos, como la utilización del clima de «expectativa política» que se genera con esta reivindicaciones, lo que constituye un apreciable “capital político»” en un previsible proceso de reestructuración de las formas organizativas del territorio del estado, a utilizar como maniobra política en aquellos momentos de crisis profunda de credibilidad del estado, como la actual.

Consecuentemente, la autodeterminación de las naciones oprimidas no podrá ser una consigna revolucionaria jamás. Solamente puede determinarse como revolucionaria, y por tanto, de liberación de los pueblos oprimidos, aquella política que sitúe el centro de su posición en la defensa del ejercicio de la democracia popular, en la cual son las comunidades quienes ejercen directamente la democracia, debaten y toman todas las decisiones de la vida política de la comunidad.

Séptimo.- El concepto de «nación» es una categoría jurídico-política implementada por el estado para dar consistencia ideológica al marco territorial del poder, conjuntamente para el desenvolvimiento del capitalismo. El concepto de «pueblo» no puede ser asimilado al de «nación», el de pueblo es histórico y real. El pueblo está constituido por comunidades humanas estables, con cierta movilidad interior y exterior, variable según cada momento y circunstancia histórica, pero intrínsecamente estable, caracterizado por la concurrencia de factores culturales propios, adquiridos durante cientos e incluso miles de años, entre los que tienen especial relevancia la lengua, determinada forma de ser, las formas culturales de la convivencia que se reflejan en el folclore, la gastronomía, determinadas expresiones artísticas, practicas productivas, etc., y todo ello identificado en un territorio concreto. Por consiguiente, el pueblo es un concepto que define una realidad, y está determinado por lo común que le es propio. Y se diferencia de otro pueblo porque este otro se identifica por un «común» que es, por su propia naturaleza existencial, diferente.

Octavo.- Por lo tanto, la libre determinación de los pueblos oprimidos por los estados-nación, o estados-multinación, debe entenderse y concretarse en el proceso de la revolución integral, social-popular, por la cual se sustituye el vigente sistema de poder estatal capitalista por un orden democrático, que por su propia esencia, respetará las identidades de los distintos pueblos, y de las comunidades que los integran. La forma de relación entre los diferentes pueblos entre sí será igualitaria, alcanzándose entre éstos aquellos acuerdos de convivencia, cooperación y colaboración que estimen oportuno para el beneficio de sus respectivas comunidades, y que podrán revestir aquellas formas confederadas que superen las actuales fronteras políticas entre estados-nación. Las diferencias religiosas, étnicas, civiles no podrán constituir elementos de diferenciación popular, puesto que la democracia omnisoberana implicará la más completa libertad civil y de expresión. Las comunidades «sin historia», artificiosamente surgidas por la expansión estatal-capitalista- imperialista deberán tomar como base de sus relaciones de identidad los elementos culturales comunes que les van definiendo, con respecto escrupuloso de la libertad de conciencia y de los derechos civiles.

Noveno.- La libre determinación de los pueblos oprimidos por los estados-nación, o estados-multinación global-imperialistas, no podrá alcanzarse de la mano de las instituciones de poder de los estados o apadrinados por éstos. Ni de hipotéticos procesos «neutrales» estatistas de liberación nacional propugnados por la izquierda o el nacionalismo burgués o pequeño-burgués. La libre determinación de los pueblos oprimidos será parte del proceso de la revolución integral, o no lo será. Esta justa reivindicación forma parte del programa estratégico de la revolución integral y ha de plantearse de forma conjunta e integrada en el conjunto de transformaciones revolucionarias a efectuar. No es posible plantearla como «cuestión» previa, ni marginal, al contrario, debe formar parte del conjunto de tareas transformadoras esenciales a acometer: parte de la revolución política, pero también parte sustancial de la revolución en la conciencia, de la construcción política de un sujeto capaz de sostener una sociedad convivencial, igualitaria, defensora de los valores propios de una moral de esfuerzo y servicio desinteresados orientado hacia el bien común, con respeto de las culturas, con libertad de conciencia, libertad política y civil para todos y todas, pero también con la eliminación del trabajo asalariado y servil de cualquier forma, con la incorporación -en condiciones de igualdad- de la mujer a las tareas centrales de la sociedad, y sin discriminación alguna de nadie en razón a la raza, sexo o cualquier otra orientación personal o social que deberá quedar en el ámbito estricto del conjunto de libertades políticas y civiles.

Félix Rodrigo Mora, enero de 2013

NOTAS:

[1] Dice la Declaración de las ONU: «El derecho de libre determinación de los pueblos o derecho de autodeterminación es el derecho de un pueblo a decidir sus propias formas de gobierno, perseguir su desarrollo económico, social y cultural, y estructurarse libremente, sin injerencias externas y de acuerdo con el principio de igualdad».

Lenin plantea: «Por consiguiente, si queremos entender lo que significa la autodeterminación de las naciones, sin jugar a definiciones jurídicas ni inventar definiciones abstractas, sino examinando las condiciones históricas y económicas de los movimientos nacionales, llegaremos inevitablemente a la conclusión siguiente: por autodeterminación de las naciones se entiende su separación estatal de las colectividades de otra nación, se entiende la formación de un Estado nacional independiente». V.I. Lenin, El derecho de las naciones a la autodeterminación, 1914.

[2] Estratégicamente, EEUU, como actual potencia hegemónica, China, Rusia y UE. Tácticamente, con los bloques de poder: EEUU-UE y China-Rusia.


Recopilaciones de textos sobre anarcoindependentismo

– Pdf titulado Recopilación de textos sobre anarcoindependentismo (I parte), de 60 páginas:

  • “Anarcoindependentismo: la facción más desconocida del movimiento libertario”.
  • “Los clásicos anarquistas y los movimientos de liberación nacional”.
  • Bakunin: “Patria y nacionalidad”.
  • Mackno: “Unas palabras sobre la cuestión nacional en Ucrania.”
  • Extracto de Cappelletti, A: La ideología anarquista.
  • Posturas de la CNT:
  1. CNT Canarias: Federalismo libertario.
  2. VI Congreso de la CNT. La CNT ante los nacionalismos.
  3. “La CNT de Valladolid ante la celebración de Villalar, día nacional de Castilla”.

Realizado por la Distribuidora Peligrosidad Social: http://distribuidorapeligrosidadsocial.files.wordpress.com/2011/11/20-recopilacic3b3n-de-textos-sobre-anarcoindependentismo-amarillo.pdf

– Pdf titulado Tradición libertaria y luchas de liberación nacional. Incluye:

  • Organisation Communiste Libertaire: “Las luchas de liberación nacional”. .
  • Grupo Ikària: Por la independencia total y la anarquía sin límites.
  • Rudolf Rocker: “La patria como la comunidad del idioma”.

Para descargar: http://www.lahaine.org/b2-img/tradicion_libertaria_liberacion_nacional.pdf

– Artículo en la revista vasca Ekintza Zuzena: “Nación y anarquismo. Notas para una discusión más allá de las caricaturas”.

– Artículo en Rebelión: “Lecciones de la guerra israelí-libanesa (2006). El debate anarquista entorno a la liberación nacional”.


[Desde Puerto Rico] Reflexiones filosóficas sobre el anarquismo y las luchas nacionales en un país colonial

Prólogo introductorio a la situación anarquista y la idea “patria”

          El principio básico de la solidaridad, que en el anarquismo se relaciona directamente con la practica de la libertad, nos lleva a simpatizar con cualquier situación que intente y/o busque la emancipación –compréndase, que se persiga o se obtenga en grados mayores o menores la libertad socioeconómica y política—, tanto del ser humano como de la sociedad en un país particular o en la esfera global. Pero cuando comprendemos que esa emancipación esta cargada de un sentimiento nacionalista y no socialista, sea libertario o no, nos encaminamos a un estado de reflexión, que va mas allá de la pura idea de solidaridad. Nos detenemos, y pretendemos no ser participes de una lucha que no llevará a los seres humanos de un país o del mundo a la libertad que consideramos es la más cercana a la real: la Anarquía. La pregunta que nos asfixia moralmente es: ¿al participar de una lucha como ésta, traiciono mis ideas anarquistas o al no participar traiciono a la misma idea de libertad, que es la finalidad principal del anarquismo; en cierto modo, no es la misma idea que buscan los hombres y mujeres que luchan por la emancipación colonial que los aflige, aunque esto no los lleve a una transformación cualitativa del sistema que los oprime?
          En nuestra actualidad, es decir, en Puerto Rico, la situación colonial es realmente palpable. No sólo podemos llamarnos la colonia más vieja del mundo, sino que en América somos el único país en no obtener, aunque sea una vez, la independencia. Llevamos desde el 1492, fecha infame que marca el comienzo de la conquista y cristianización de las primeras sociedades americanas, el adjetivo de colonia. La fase colonial tradicional que la monarquía española impuso, comenzó a partir del 1508, con la llegada de Juan Ponce de León a la isla, no se ha detenido con la derrota del imperio español en la guerra Hispano-Cubana, sino que ese mismo año, 1898, la isla fue invadida militarmente por los Estados Unidos y se mantuvo, como es lógico, la colonia, pero de una de tipo clásico pasaron a una colonia moderna militar, que tras el uso de los juegos legalistas y lingüísticos, se disfrazó al poder colonial, con un velo de autonomía, en un país incorporado, que para el 1952 le llamaron el Estado-libre-Asociado-de-Puerto Rico.
          Aunque la destrucción de la sociedad amerindia es un hecho innegable en nuestro país, no podemos hacernos la idea de que la sociedad que se gestó para el siglo XVI es una sociedad fruto de un proceso colonial, ya que si seguimos las teorías de Kropotkin sobre el sentimiento o principio de sociabilidad (apoyo mutuo) lo que se demarca es una consecuencia lógica con el que se organiza una especie para sobrevivir las circunstancia materiales y psicológicas en la naturaleza (entiéndase las concepciones políticas sociales de un grupo de individuos que interactúan en un lugar determinado). La sociedad puertorriqueña no es una construcción de los reyes católicos de España, sino todo lo contrario, la sociedad puertorriqueña es el proceso evolutivo de una parte de la humanidad que llevó a cabo la tarea de mejorar, aunque sea en principio, su condición material. Claro está, no podemos ser ingenuos, todo progreso concibe en sí la esencia de las costumbres adquiridas de sus antiguas etapas, tanto buenas como malas. Parte de la cultura puertorriqueña es un proceso de evolución inconsciente de los hábitos de los hombres y mujeres españoles, africanos, holandeses, ingleses, alemanes, daneses, corsos, italianos, moros, canarios, vascos, portugueses, en fin de una gran gama de hombres y mujeres que por circunstancias diversa fueron a parar al archipiélago puertorriqueño. Es por ello que hablar de una construcción de sociedad es un disparate, es mejor decir que la sociedad puertorriqueña, tras su proceso evolutivo de varios siglos (siglo 16 a 20) de reorganización de una parte de la especie humana, fue oprimida por la concepción ideológica (monárquica, mercantil y burguesa capitalista) de un pequeño grupo (el imperio español y el republicanismo liberal de los Estados Unidos) de hombres que dominados por el lucro del poder, impusieron un modelo de cultura que desnaturalizó al grupo de humanos que emigró a la isla.
          Cuando un grupo de seres humanos se asienta y se reconoce como parte integral de un lugar (hablamos de un territorio físico: un país) este no podrá nunca aguantar que se le robe y se usurpe el lugar en el que vive. Por otro lado, no podrá soportar que se le esclavice y robe el fruto del trabajo que hace –es decir que se le robe el producto que creo en el lugar o gracias a los recursos del lugar (la tierra) — en dicho país. Es aquí, donde aparece el sentimiento patrio, un sentimiento de pertenecía a un pedazo de tierra, que se demarca por divisiones contractuales o ambientales, o un sentimiento de pertenecía por afinidades sociales en un lugar definido, que vinculan aspectos culturales, como el idioma, las tradiciones y una conducta moral, o una satisfacción individual y hasta ideológica. Todo esto, choca con la teoría anarquista que aspira y pretende cambiar las mentalidades conscientes que rondan sus filas revolucionarias. Los anarquistas quieren la destrucción del Estado y con ello toda idea de nacionalismos que proyectan las fuerzas de poder. Pero, el sentimiento de pertenencia no es un carácter necesario para el sentido de la palabra nacionalismo, sino un principio mayor que se relaciona, en la opinión de un anarquista, erróneamente con el nacionalismo estatista. Todos los hombres y mujeres, sean internacionalistas, por el lado anarquista o socialista estatista, o no, tienen en grados el sentimiento de pertenencia. Cada uno, reconoce que es de un lugar al que pertenecen, sea por nacimiento o por afinidad.
          El mismo Bakunin habla del patriotismo como un grado necesario para el camino de la emancipación social. Bakunin en Carta circular a mis amigos de Italia nos aclara la idea de patria y lo natural de tal sentimiento en la vida humana. Por un lado, cuando nos dice: “El Estado no es la patria; es la abstracción, la ficción metafísica, mística, política y jurídica de la patria”[1], nos pone en contexto que la patria como una manifestación del sentimiento de pertenencia no tiene nada que ver con el Estado, ése que para el siglo XIX los políticos de Francia, Prusia y Rusia elaboraron para aplastar el principio de Liberad, Igualdad y Fraternidad, no es para nada parte necesaria de los comportamientos naturales de los seres humanos con respecto a sus asentamientos territoriales o afinidades sociales que demarcan la toma de posición en el mundo. Una toma de posición que no vincula un apoderamiento sino un posicionamiento necesario para la vida de un grupo de seres humanos que comparten el mismo interés y la pertenencia en un mismo lugar (país).
          Nos dice Bakunin:
La gente sencilla de todos los países ama profundamente a su patria; pero éste es un amor natural y real. El patriotismo del pueblo no es sólo una idea, es un hecho; pero el patriotismo político, el amor al Estado, no es la expresión fiel de este hecho: es una expresión distorsionada por medio de una falsa abstracción, siempre en beneficio de una minoría explotadora.[2] (p.94)
          Bakunin es muy claro y enfático al hacer la distinción de patria natural del de patria política, que es sinónimo de Estado. La “gente sencilla” es el sinónimo del ser humano que al amar a esa patria natural, no porque se les obligue a ello, sino porque se siente parte de un grupo o lugar físico, será capaz de dar su vida para mantenerse en el lugar en donde se relaciona y vive. Por el contrario, cuando nos topamos con la idea de patria política se esta refiriendo a nacionalismo estatal. La patria política pasa hacer la estructura de dominio de un territorio, de una idiosincrasia y de una economía, y es entonces, donde la idea patria se desnaturaliza, es decir, se separa de la natural tendencia a amar a la patria (entiéndase se oculta forzosamente el sentimiento de permanencia que los seres humanos tiene ante un lugar o sociedad-cultura). Por consiguiente, ¿cuál es la esencia de la patria o la nacionalidad en el pensamiento bakuniano, que influencia directamente en el amplio pensamiento anarquista? Para Bakunin es:
Una patria representa el derecho incuestionable y sagrado de cada hombre, de cada grupo humano, asociación, comuna, región y nación a vivir, sentir, pensar, desear y actuar a su propio modo; y esta manera de vivir y de sentir es siempre el resultado indiscutible de un largo desarrollo histórico[3].
          Hasta ahora sólo hemos hablado de la idea del sentimiento de pertenencia material (un territorio, país, comunidad, etc.), pero también existe el sentimiento de pertenencia por afinidad. Éste se da cuando un individuo se conecta a una serie de hechos histórico-sociales que le satisfacen grandemente y que le inspiran un sentir amoroso por la cultura y vida social de un lugar (país) o ideas afines (por ejemplo, la idea de la federación antillana, la ideas bolivarianas y la concepción de federación mundial libertaria, donde el sistema socioeconómico es el anarco-comunismo). Esta característica del sentimiento de pertenencia por afinidad se presenta en grados: entre más grande es el sentimiento, mayor será el amor patrio (patria natural) que envolverá al individuo. Es por ello por lo que nos podemos encontrar un noruego viviendo en indochina o un extranjero, por ejemplo, el general San Martín, dando su vida por la independencia de todo un continente[4]. De igual forma, podremos entender como un puertorriqueño del siglo XIX, como Juan Rius Rivera[5], fue capaz de dar su vida en la guerra de los 10 años en Cuba. Éste actúo por la afinidad de ideas, porque comprendió que la lucha por la independencia de tal país es idéntica y necesaria para la independencia de su país (Puerto Rico), que se define en términos generales en que Rius Rivera luchaba en Cuba por la libertad de la especie que vivía momentos idénticos de opresión colonial. Aunque la afinidad en este caso no es vinculante a sólo un país, la afinidad de ideas que relacionan la idea de libertad de los países lleva al individuo a tomar como suya la lucha social, como si se es tuviera dándose en su propio país. Sin ir más lejos, el ejemplo de la guerra civil en España fue la manifestación material del sentimiento de pertenencia por afinidad de ideas que circunscribe de mejor forma como los seres humanos de gran parte del mundo dieron su vida por una causa realmente noble, la lucha contra el fascismo. Para un anarquista la revolución española del 36 es el ejemplo de solidaridad internacional mas grande que se ha dado en toda la historia del anarquismo, pero si profundizamos en los hombres y mujeres que fueron a tal guerra, sin importar que fueran anarquistas o no, lo que se soslaya es que un sentimiento mayor (el sentimiento de pertenencia por afinidad), que es regido por una ley natural (la ley general de apoyo mutuo), influencio en la decisión de los individuos para ir y dar su vida por la lucha de los españoles para que así el fascismo no llegara a tomar el poder en España y se fortaleciera, por consecuencia, en toda Europa. Como podemos ver, más que un acto preñado de ideologías políticas, como lo es una guerra civil o guerra de independencia, que comúnmente se hacen para acabar con el colonialismo, se dan bajo un impulso dado inconscientemente por el sentimiento de pertenencia, tanto material como por afinidad. Para más detalles, sólo hay que leer detenidamente la historia de las independencias de América y darse cuenta como el discurso no se individualizaba, sino que se generalizaba para que todo el que se sentía oprimido en América se solidarizase con cualquier intento de revolución, ya que todas llamaban a las ideas de Patria, Justicia y Libertad.
          Pero, dónde encontramos el problema que nos llevó a hacer la pregunta inicial. Es muy bien sabido que los anarquistas de todo el mundo siempre se han insertado en todas las luchas, sean coloniales, de independencia o luchas sociales –por no decir socialista, porque realmente no hemos tenido nunca un a revolución socialista—, que les han parecido prometedoras. Y no estamos dudando de ello. Pero, durante la historia nos hemos percatado que los anarquistas han colaborado en todas las luchas sociales, pero tan sólo hemos escuchado: el anarquista tal y no el sector organizado anarquista que se unió completamente a la lucha por la eliminación de un gobierno colonial, imperial, monárquico, etc.; siempre es un(o) anarquista. Un ejemplo único que explica la crítica, pero nos ayuda para contestar la pregunta, es la Confederación Nacional del Trabajo (CNT) que es un grupo organizado legendario en España, que luchó como cuerpo anarquista en la defensa de la República azotada por las filas del fascismo franquista para el 1936 al 1938. Pero la CNT es un ejemplo muy particular, las tensiones que se estuvieron dando durante los años de la República fue aprovechadas por el sector sindical del anarquismo español para concretizar la revolución social libertaria. Acuérdense de Oviedo, de Casas Viejas y de las huelgas generales en Barcelona y Madrid antes del 36. Realmente la CNT-FAI (Confederación Nacional del Trabajo-Federación Anarquista Ibérica) estaba haciendo una revolución social y libertaria a la par que participaban de la lucha contra el fascismo franquista que azotaba a España. ¿Cuál es la crítica y cuál es el fondo que une a ambas ideas en una sola? La CNT es española y vela por hacer de España un país, por medio del sindicalismo, cada vez más anarquista. Por otro lado la FAI es un grupo organizado de españoles, portugueses y franceses –muchos de ellos son españoles exiliados— que buscaban con la guerra del 36 comenzar el plan anarquista de transformar la sociedad. En el fondo ambos grupos estaban manifestando ese sentimiento patrio al luchar por el lugar (España y Portugal) al que pertenecen, no por obligatoriedad sino por ese impulso natural de los animales gregarios a asentarse en un territorio que reconocen como idóneos para vivir. Claro está, cada uno con grados distintos de manifestación. Pero, concretemos el asunto moral que la pregunta nos hace. La CNT-FAI, aunque manifestaban el sentimiento de pertenencia por el lugar en el que ejecutaban los intentos de transformación, no pretendieron nunca luchar por España, como nación-estado, sino por hacer de España el inicio de la transformación internacionalista de una nueva sociedad mundial. Nunca traicionaron sus ideales anarquistas y nunca faltaron a la idea de protección de su terruño patrio (patria natural, como la entendió Bakunin). Dado, este ejemplo y reflexión, podremos los anarquistas puertorriqueños analizar la circunstancia colonial que sufre país, que es el lugar donde pertenecen por el resultado del desarrollo de la especie humana que se posicionó siglos antes.
La identidad nacional, la colonia y la independencia
          La identidad nacional es la manifestación lingüística para presentar de forma tergiversada el sentimiento de pertenencia, llevado por grupos que sólo toman como correcta el término de patria política. Pero, ahora conscientes del término patria natural como la manifestación inconsciente del sentimiento de pertenencia que tiene un individuo en su relación social con otros individuos que se encuentran en un lugar especifico (país), podremos entonces recuperar la identidad nacional tal como debería ser entendida y así hacer una descripción de la idea de la nacionalidad para la isla de Puerto Rico.
          Pero antes sería correcto comprender como el anarquismo percibe la idea de lo nacional, y en específico la idea de liberación nacional en los pueblos sometidos a opresión colonial. Bakunin siempre ha concebido “la idea de revolución social íntimamente ligada a la liberación nacional de los pueblos sometidos”[6], es por ello por lo que proclamó la idea del paneslavismo como forma de emancipación de los pueblos eslavos que sufrían los yugos imperialistas de Rusia, Austria, Prusia y Turquía. Este paneslavismo tiene como base a la libertad e igualdad absoluta de todos los individuos que se consideran parte del pueblo eslavo[7].  Cada país que está bajo la opresión de otro tiene el derecho inviolable a tomar las armas, si es necesario, para acabar con la negación de la libertad, que toda ideología progresista de izquierda o moderada exige para sí mismo. Si cada individuo perteneciente a un grupo determinado rechaza que se le usurpe y robe el trabajo que ha hecho para darle cuerpo al lugar que llama país, ese que no sólo le da lo necesario para vivir, sino que refleja la personalidad modelada por el progreso evolutivo de años de convivencia, tiene lo que llamamos comúnmente una identidad nacional. La identidad nacional es una manifestación psicológica que es adquirida bajo la convivencia y el aprendizaje de un individuo que nace o se introduce en una sociedad-país. Las relaciones de convivencia pueden encontrarse manifestadas por aspectos sociales, como las tradiciones culturales, las políticas públicas y, en casos reales, las ideas religiosas; y por otro lado, el especto económico, como los es la división de clase y las ideas gestoras de la economía que mueve a un país, concretizan, mas en nuestra actualidad, estas relaciones de convivencia que son parte de la identidad nacional. Pero, la separación de la dualidad económico-social haría que la comprensión de la identidad nacional real (natural) se perdiera y tendiera a caer en la representación conservadora capitalista nacional, que lleva años imponiéndose, haciendo que los socialistas rechacen las luchas nacionales como necesarias para la emancipación social, que es en nuestra actualidad, la practica necesaria para dar con el socialismo.
          ¿Cómo podemos seguir pensando que solamente las relaciones económicas son la base de la sociedad actual? Sí es cierto que las relaciones económicas son una gran parte del proceso histórico que forma la gran idea de sociedad, pero la economía no puede ser la causa principal que haga que los seres humanos se unan para formar sociedad. Hay una serie de hechos y causas que preceden las relaciones socioeconómicas de la actual sociedad capitalista. En los párrafos anteriores ya hemos mencionado las reglas de solidaridad, que es la manifestación de ley natural y factor de la evolución: el Apoyo Mutuo. Y como consecuencia de tal regla surge el sentimiento de pertenencia, que es uno de los factores principales para el surgimiento de la sociedad y luego del país (una patria). Para que haya sociedad debió haber antes un proceso de transformación (evolución) en la mentalidad de los seres humanos que se relacionaron en un lugar determinado y, luego, cuando se concretizan los modos de relacionarse de un grupo de individuos es donde podemos hablar de cómo se relacionaran económicamente los individuos de ese lugar, ahora como país, y como lo hacen con otros países.
          Cuando en el socialismo[8] se habla de que las luchas nacionales o de independencia no son importantes para la emancipación de la clase oprimida[9], es porque tales luchas no se dan bajo el análisis de las relaciones económicas de producción. Donde la producción se considera, como también el intercambio económico, como aspectos que se dan en el capitalismo bajo el ámbito internacional y no bajo un marco nacional. Por lo tanto, es por lo que el socialismo tiende a una lucha mas internacional, ya que los problemas económico por lo que se ha de luchar son mas amplios que las circunstancias nacionales que sólo delimitan las necesidades inmediatas que una nación necesita. El anarquismo ha pecado, perdonando la expresión, de demasiado internacionalismo. Las ideas de revolución social y de la guerra contra el Estado y el capitalismo son correctamente luchas internacionales, pero esto no quiere decir que en lo internacional no se implique a sus matices regionales o nacionales. Lo internacional se da cuando una situación o fenómeno implica a todos los sectores del planeta. Hay explotación en Puerto Rico como en la República Popular China y hay capitalismo aquí como en Corea del Norte; y hay la misma necesidad de revolución social en todas estas partes del planeta. Es decir, ambos son problemas que afectan internacionalmente a todos los trabajadores del mundo, pero cada trabajador se encuentra en un país particularmente distinto al otro y éste tiene que lidiar con los matices socioculturales de su país, para dar con la lucha mas acertada contra los mismos problemas.
“Pero seguramente el error más cínico ha sido plantear la liberación nacional como un obstáculo para una liberación internacional. No se puede concebir ésta sin la liberación previa de cada una de las unidades más pequeñas. Se ha confundido el internacionalismo, el cual se ha de basar en la solidaridad entre las comunidades nacionales, con un interestatismo, el cuál reproduce fielmente el marco territorial, el marco patriótico del estado”[10].
          El anarquista Bonanno es de los que plantea que la lucha internacional libertaria no puede tener éxito si los anarquistas no consideran las luchas nacionales como partes importantes de desarrollo revolucionario para la construcción del federalismo libertario de la sociedad.
“Los anarquistas deben proporcionar todo su apoyo, concretamente en la participación, teóricamente en los análisis y estudios, a las luchas de liberación nacional. Esto debe empezar desde las organizaciones autónomas de los trabajadores, con una visión clara de las posiciones enfrentadas de clase, que ponga a la burguesía local en su correcta dimensión de clase, y prepare la construcción federalista de la sociedad futura que vendrá tras la revolución social”[11].
Por otro lado, en el texto de Independentismo y Anarquismo expresan: “[…] es necesario ver que si la clase trabajadora no es independentista, actualmente tampoco es anticapitalista”[12]. Las condiciones de los independentistas como de los anarquistas y socialistas estatistas son las mismas dentro de una colonia. Mientras, el país en el que viven y luchan este bajo el yugo de un país imperialista, remitámonos a Puerto Rico y el dominio colonia que tiene los Estados Unidos sobre él, no podrán para nada seguir adelante la tarea de la revolución social. Primero, porque los países opresores provocan la alienación de los pobladores, tanto económico como culturalmente, haciendo que se oscurezca el sentimiento de pertenencia (la patria natural) que se refleja por medio de la tradiciones, el idioma y las costumbre morales, para así imponer la tergiversada idea de patria política como significado de nación y así impedir que los seres conscientes del país no promueva cambios sociales que los lleve a perder el territorio que usurpan. Segundo, el gobierno opresor, que en Puerto Rico como país colonial, impone el sistema de explotación capitalista, construye una estructura de poder estatal fuerte en el que se le permita obtener el plusvalor mayor del trabajo que los ciudadanos (puertorriqueños) producen en el país. Aún más, en el caso de Puerto Rico, el gobierno de los Estados Unidos creó las condiciones para que las empresas, especialmente estadounidenses, pudieses explotar a los trabajadores y sacar el plusvalor (ganancia) mayor, sin tener que invertir mas del mínimo requerido, y así enriquecerse a costa del trabajo y del esfuerzo de los puertorriqueños. José Elías Torres, en su libro Filiberto Ojedas Ríos: su propuesta, su visión, nos resume el trabajo opresor que los países imperialistas y capitalistas hacen para debilitar a los ciudadanos del país que colonizan:
“Por un lado, encontramos las fuerzas de naturaleza colonial que impone un sistema socioeconómico y político. Estas fuerzas, a su vez, generan unos procesos sociales afines a sus estructuras de dominación y opresión. De esta manera aseguran la explotación económica, la subordinación política y psicológica y la desintegración cultural y nacional. Todo esto, unido al control absoluto de los mecanismos represivos del estado, les permite evitar cualquier cambio en el sistema actual”[13].
          Es por tanto, por lo que algunos compañeros anarquistas, como los catalanes de Grupo Ikaria, en el libro citado de Independentismo y Anarquismo, nos expresan que la clase proletaria, tiene que ser independentista para ser anticapitalista. Es entendible tal preposición. Si un grupo de personas no se incomoda por su situación colonial, no podrá para nada pensar en sentirse explotada y en consecuencia luchar contra la estructura superior que es el capitalismo. En Puerto Rico, tras la imposición de ELA[14], que no es sino el disfraz del colonialismo moderno, se produjeron programas que enfriaron las ideas independentistas de la mente de la mayoría de la clase pobre. El proyecto de Manos a la Obras y las ayudas económicas federales (los subsidios o cupones) que el Partido Popular Democrático (PPD)[15] promovió como parte del progreso, no son más que Baile, Botella y Baraja. Mientras un pueblo no tenga físicamente problemas económicos, éste no tendrá intenciones de sublevarse; aunque reconozcan que el status en el que viven no es realmente el más natural (por natural debemos entender el estadio que Kropotkin relacionaba con la libertad y la igualdad o equidad). Es por tanto, por lo que los grupos anarquistas tienen la tarea de insertarse en las luchas independentistas o nacionales, porque tiene que educar al pueblo de que el orden social en que viven no es la panacea, por el mero hecho de ganar dos pesos más que la media pobre. Es aquí donde se funde, se sintetiza el internacionalismo y el nacionalismo (como forma no estatista). Para que un país colonizado, como Puerto Rico, pueda en el futuro ser anarquista, los revolucionarios tienen que hacer comprender y luchar por la liberación de los pueblos oprimidos, primero desde un punto nacional y luego, ligarlo a la transformación social y política del país, que tenga como finalidad la recuperación de la esencia de la libertad que tanto fomentamos: esa libertad, nosotros los anarquistas, la exponemos y materializamos bajo la federación libertaria de los pueblos del mundo. Es decir, para desarrollar el Comunismo Libertario. Resumiendo, los anarquistas que viven en países colonizados, como Puerto Rico, los países catalanes, vascos y canarios, y muchos otros, tienen un deber ético revolucionario que es participar de las luchas nacionales, pero con la finalidad de que “[…] la liberación nacional va más allá de la simple descolonización interna”, sino que la liberación nacional es un ataque directo al “[…] imperialismo del desarrollo capitalista, poniendo el objetivo de la destrucción del Estado político en una dimensión revolucionaria”[16]. Es por lo que “la necesaria síntesis entre anarquismo e independentismo supone la liquidación del estado en cualquiera de sus acepciones”[17].
          Sin embargo, es de suma importancia decir que hay muchos compañeros ortodoxos, desde el s. XIX hasta hoy, que rechazan ésta idea de lucha[18]. Es por ello por lo que esta reflexión tuvo la intención de aparecer. Desde el s. XIX existe esta discrepancia: lucha nacional –vs— lucha  internacional. La historia del anarquismo en Cuba nos sirve como punto de apoyo para dar cuenta de esta necesidad que tienen todos los anarquistas de cada país colonizado en insertarse en las luchas nacionales. Así también demostramos como el anarquismo ha errado sobre este asunto durante mucho tiempo, aunque ya Bakunin estaba bien claro de que sin una lucha nacional lo internacional no se podrá dar en los países coloniales. Los anarquistas cubanos, quienes fueron criticados por los compañeros barceloneses en el periódico Tierra y Libertad, para el 1890, les hacen claro que aunque persigan las mismas ideas, cada país es distinto y tiene particularidades regionales que se tiene que tener en cuenta a la hora de llevar a cabo las acciones para la construcción de la revolución social. Es por ello por lo que los cubanos del Productor[19] de la Habana les dijeron: “<<Estamos de acuerdo, en cuanto a los principios, pero ¡ah colega! media entre nosotros una distancia de 1500 leguas, y ya comprenderéis que si Cuba no es Barcelona, de algunos medios hemos de valernos para poder propagar las ideas que nos alientan>>”[20]. El anarquista cubano del s. XIX tenia conciencia de esta necesidad, para el 1890 un impresor anarquista escribió; “<<El obrero, jamás debe olvidar su patria, porque ese amor es innato a todo ser racional>>[21]” y en una edición del Productor de la Habana se dijo, con el propósito de hacer claro la necesidad de acabar con el autoritarismo del colonialismo español: “<<Ningún pueblo que tenga la menor conciencia de su personalidad, puede consentir la permanencia a su frente de tirano alguno, y se ha visto con frecuencia […] amotinarse los pueblos>>”[22]. La mejor demostración histórica que apoya nuestra reflexión es la propuesta que apareció en el congreso obrero que se dio en 1892 en Cuba donde los anarquistas presentaron una propuesta que hacia claro y firme la necesidad de ser parte de la lucha independentista que nació tras el tiranizante gobierno colonial de Cánovas-Polavieja. La propuesta dice: “[…] aunque sólo una revolución social de signo colectivista podía <<emancipar la clase trabajadora>>, la propagación del anarquismo colectivista entre <<la masa trabajadora de Cuba>> no podía ser un nuevo obstáculo para el triunfo de las aspiraciones de emancipación de este pueblo, por cuanto sería absurdo que el hombre que aspira a su libertad individual se opusiera a la libertad colectiva de un pueblo, aunque la libertad a que ese pueblo aspire sea esa libertad relativa que consiste en emanciparse de la tutela de otro pueblo”[23].
          En conclusión, todo anarquista que se encuentre en un país colonizado, como lo es Puerto Rico, tiene el deber moral revolucionario de participar de las luchas por su emancipación nacional y emancipación social. Por tanto, si rechaza la lucha nacional está rechazando sus propios principios de libertad. Pero, es aquí donde entran los distintos métodos. Participar de la lucha por la independencia no es asumir de antemano que el fin de la emancipación o independencia es la implantación de un gobierno estatal que siga con las mismas estructuras económicas de explotación[24]. He aquí la distinción de un nacionalista que tergiversa el término de patria por patria política y el de un anarquista que comprende por la palabra patria, el sentimiento natural –patria natural— que un individuo tiene por un lugar, donde vive socialmente hablando con otros individuos, o tiene afinidad socio-cultural por las costumbres de un lugar específico (país).
“La independencia es la ruptura con toda la forma de dominación, la no delegación de la propia capacidad de decisión y actuación. Es por eso que la independencia es esencialmente individual, antes que nacional, y, por descontado, mucho antes que estatal. Tomamos al individuo cómo base de un proyecto federativo que vaya articulando libremente las diferentes unidades poblacionales (comuna, comarca, región…) a partir de la previa independencia de las unidades más pequeñas.
”Esta es una independencia total, porque va hasta el final, hasta el individuo. Llegados a este punto, coincide con la anarquía. Pero se diferencia del proyecto anarquista y del independentista en que no parte de modelos estereotipados, como “federalismo de los pueblos de España”, “federalismo ibérico” o “reunificación de los Països Catalans”, sino que considera que la federación es el resultado de unas necesidades y aspiraciones colectivas, que se expresan libremente de forma espontánea y que reviste múltiples ramificaciones. Los Països Catalans no son para nosotros un marco patriótico (estatista) obligado. Son una propuesta hecha a partir de unos lazos étnicos lingüísticos”[25].
          Puerto Rico es una colonia del “imperio más poderoso del mundo”, los Estados Unidos. El colectivo de la Accion Libertaria, siendo en la actualidad el único grupo anarquista organizado de la isla debería promover, así como todos los grupos anarquistas de los países coloniales del mundo, la reflexión sobre la situación colonial y proclamar como fin primario la revolución social junto a la lucha por la emancipación colonial de sus países. Como anarquista, llevaré hasta las últimas consecuencias la libertad, proclamar la destrucción del Estado y fomentar la estructura descentralizada de comunismo libertario, pero sin olvidar las peculiaridades del lugar al que pertenezco. Es por ello que, como anarquista puertorriqueño tengo que sintetizar la lucha nacional, como parte del plan de revolución social para Puerto Rico, con las ideas internacionales de la federación mundial libertaria (El Comunismo Libertario) que es la finalidad material que central al ideal anarquista.
Damián Hernández Marrero
(Miembro del colectivo anarquista La Acción Libertaria)

[1] Bakunin, Mijail A. (1990). Escritos de Filosofía Política Vol. 2, compilación de G. P. Maximoff. Madrid: Editorial Alianza. P. 94.
[2] Bakunin; p. 94.
[3] Bakunin; p.95.
[4] El General San Martín, un argentino de nacimiento (criollo), fue uno de los grandes libertadores de Suramérica, luchó por la gran patria de América libertando a Chile, Bolivia y Perú del imperio español.
[5] Juan Rius Rivera fue uno de los puertorriqueños en participar activamente en la guerra de los mámbies para darle la independencia a Cuba. Perteneció al comité revolucionario cubano llegando a ser el segundo al mando de la revolución, y en algún momento se le mencionó como posible presidente de Cuba.
[6] Tomado de El Baifo, nº 5, pp. 14-19. Diciembre de 1991. Impreso de la Internet.
[7] El Baifo, nº 5.
[8] Debe quedar claro que no estamos haciendo crítica únicamente al socialismo marxista, sino a toda la gama del socialismo, desde la socialdemocracia hasta el socialismo libertario y estatista.
[9] Para el s. XIX, específicamente, la clases oprimida fue la obrera, en el s. XX y XXI las clases mas oprimidas han crecido y se han dividido por circunstancia nacionales e internacionales (los indígenas en América del Sur y Central, por ejemplo); todas estas divisiones y subdivisiones se dan por las mismas circunstancias socioeconómicas, pero con características sólo vinculantes a un lugar o grupo específico. Aunque podemos hablar de nuevas divisiones de clase, como lo es por edad: el sector juvenil[9] se siente oprimido y rechazado por una clase adulta, que tiene el control del poder, y no vela por su bienestar e integración en la sociedad-estado. Tenemos que tener en cuenta los recientes casos: los indignados en España, la huelga estudiantil de Chile, la huelga universitaria en Puerto Rico; como ejemplos donde el sector joven del mundo es marginado y llevado a plantearse la idea de que es una nueva división, es decir, una subdivisión de la clase oprimida por el poder económico político (sea capitalismo, neoliberal y hasta capitalismo de estado –el modelo chino—).
[10] Este texto, titulado Independentismo y Anarquismo, es un resumen, hecho por el Grupo Ikaria, de otro texto titulado “Por la independencia total y la anarquía sin límites”, que, a su vez, es una síntesis en castellano del libro: “Anarquisme i alliberament nacional”.
[11] Bonanno, A. M. Anarquismo y lucha de liberación nacional
[12] Independentismo y Anarquismo.
[13] Torres, José Elías ed. (2006). Filiberto Ojedas Ríos: su propuesta, su visión. Puerto Rico: Ediciones Callejón; p.143.
[14] Estado Libre Asociado de Puerto Rico.
[15] Este partido debe comprenderse como un partido colonizado, que trabaja para mantener el “status quo”, es decir, la colonia y sus estructuras socioeconómicas de estado. Bajo el mandato de Luis Muños Marin, fundador del partido PPD, se cometió la infamia de eliminar el ansia de libertad de la mente de los puertorriqueños. Se recurrió a llenar le los la barriga a los pobres y a hacerles creer que todo va hacia el progreso. Se repartieron tierras como si nunca hubiese sido de los puertorriqueños y se les hizo creer que con el trabajo que generaron las fabricas extranjeras el país saldría de la pobreza. Pero nunca se les dijo que el costo era permanecer como colonia y no intentar buscar la soberanía.
[16] Bonanno, A. M.
[17] Independentismo y Anarquismo.
[18] En el libro que el grupo catalán Ikaria resumió para la Internet, Independentismo y Anarquismo, ponen en evidencia como muchos compañeros en vez de perseguir la libertad imponen un dogmatismo religioso cuando hablan de práctica libertaria: “Cuando hemos planteado asumir la liberación nacional desde una perspectiva anarquista, hemos desencadenado la furia doctrinal de los sacerdotes anarquistas. Si esto sirve para que salgan de su letargo devocional ya está bastante bien: un movimiento sólo avanza a partir de herejías. Establecer unas líneas rígidas que tiene que seguir una idea que quiere liquidar cualquier poder, significa incurrir en una grave contradicción, dado que establecer este rigidismo no es otra cosa que dictar unos límites, unas prohibiciones, un nuevo poder. Y cuando una idea empieza a parecerse a una religión, es que el movimiento que la encarna está en franca descomposición”.
[19] Periódico obrero de tendencia anarcosindicalista para el s. XIX en Cuba.
[20] Casanovas Codina, Joan (¿). Movimiento Obrero y Lucha Anticolonial en Cuba después de la Abolición de la Esclavitud; p.28. Obtenido en el Internet.
[21] Casanovas Codina, Joan; p.34. Esta frase es semejante a lo que Bakunin dijo a los amigos italianos: “La gente sencilla de todos los países ama profundamente a su patria; pero éste es un amor natural y real”.
[22] Casanovas Codina, Joan; p.34.
[23] Casanovas Codina, Joan; p.39.
[24] “El programa anarquista en lo que respecta a la lucha de liberación nacional es, por tanto, claro: no debe dirigirse hacia la constitución de un “estadio intermedio” en la revolución social a través de la creación de nuevos estados nacionales. Los anarquistas rechazan participar en frentes de liberación nacional; participan en frentes de clase que no deben involucrarse en luchas de liberación nacional. La lucha debe dirigirse a establecer estructuras económicas, políticas y sociales en los territorios liberados, basado en la organización federalista o libertaria”; A. M. Bonanno en Anarquismo y lucha de liberación nacional. Hay que estar claro que cuando Bonanno nos habla de lucha nacional, se refiere a la luchar de independencia que los burgueses o estatistas buscan, pero para nosotros es muy comprensible que el anarquista Bonanno es muy conciente de la distinción entre patria natural de la patria política o estatal.
[25] Independentismo y Anarquismo.

Anarquismo y liberación nacional (Ikària, 1986).

FRAGMENTO DE LA PONENCIA DE IKÀRIA SOBRE ANARQUISMO Y LIBERACIÓN NACIONAL, PRESENTADA EN LOS ENCUENTROS INTERNACIONALES ANARCO-INDEPENDENTISTAS DE CERDEÑA, CELEBRADO EN DICIEMBRE DE 1986.

 

Tradicionalmente, la liberación nacional ha sido vista por los anarquistas con reticencias, incluso con hostilidad. A menudo se ha identificado con ideas como nuevo Estado, nuevas fronteras, interclasismo y demás, pensando en las burguesías liberales europeas del siglo XIX. Se ha querido liquidar el tema haciendo una formulación global en la que la extinción del Estado solucionara todos los males presentes. Pero una formulación global, aunque permite situar mejor las interrelaciones entre las distintas parcelas en que se manifiesta la represión y la resistencia, no tendría sentido si olvidase la especificidad de cada cosa, si aplazase hasta el día en que tengamos el cielo en la tierra la respuesta y la lucha o, si imaginase que acabando con el Estado se acaba con el viejo mundo que llevamos dentro, de un día para otro.

Tenemos claro que esta indiferencia por el tema que hoy está empezándose a romper aquí, en Barcelona, proviene de una real incomprensión del alcance de lo que podríamos denominar opresión nacional. Este es un tema peligroso, porque malinterpretado desemboca pronto en un interclasismo. Por ejemplo, la burguesía catalana encuadra políticamente dentro de CIU, forma parte del Estado español, de las instituciones que este mantiene en Catalunya, y especialmente del grupo económicamente dominante más interesado en conservar que en destruir, porque a pesar de su fraseología regionalista, no es un grupo social oprimido por ningún poder, ya que ella es el poder. En cambio, para los sectores sociales más castigados por el capitalismo, sí que ha existido, al lado de la explotación de clase, otras formas de explotación tendentes a la despersonalización y pérdida de consciencia e identidad, como factores necesarios a la estabilidad del poder político. El Estado necesita anular al máximo la individualidad, la diferencia, para crear un modelo de súbdito estable, buen demócrata en este caso, que acabe considerando al Estado como bueno, útil, imprescindible…

Este tipo de alienación se consigue de varias maneras: educación, religión, medios de comunicación, moral familiar, etc. Pero es indudable que la opresión nacional también ha jugado su papel. Si en vez de ser catalanes pensamos que somos españoles o franceses, estamos aceptando más cosas del Estado: sus absurdos límites territoriales, su falsa identidad.

Respecto a los Païssos Catalans (los de este lado de la frontera), el régimen del general Franco sintió especial predilección por atacar todo aquello que denotase individualidad catalana. El actual régimen prefiere evitar estos extremos y centrarse en un nuevo patriotismo, en el que la pluralidad refuerce y contribuya a la unidad. El objetivo es el mismo: dar una cohesión nacional a los territorios arbitrariamente reunidos dentro de las fronteras del Estado España, evitar una disgregación que podría ser territorial, pero también institucional.

No hemos pretendido nunca recuperar un nacionalismo popular. El nacionalismo toma postura afirmando –ya sea una idea, ya sea (tampoco necesariamente) un proyecto institucional nuevo–, mientras nosotros tomamos postura más bien negando. Negamos una situación concreta de agresión y despersonalización, pero ni tenemos claros unos límites geográficos ni mucho menos en ese Estado nuevo. Por eso nos encaja mejor el concepto de independencia, entendido siempre como ruptura de unas relaciones de sumisión indeseadas respecto al Estado. Y no tanto por el hecho de que este Estado sea extranjero, noción más que discutible, sino por el hecho de ser Estado, defendiendo, por tanto, también una independencia de un hipotético Estado catalán, tendenciosamente dicho Estado propio.

Pretender que un estado es propio, ya sea porque el alcance de su aparato administrativo-represivo coincide geográficamente con una nueva patria, emocionalmente más atractiva, ya sea porque se reclama de una nueva clase, socialmente más oprimida, forma parte de las ideologías con que un nuevo grupo dirigente camufla su acceso al poder político.

El núcleo de la propuesta anarquista es en realidad la voluntad de independencia total. Nuestra aportación consiste en fundir dentro de esta voluntad de independencia, el deseo de romper aquella opresión nacional a que aludíamos, con el deseo de antiautoritarismo; ningún poder sobre el individuo. El vínculo de unión está en el federalismo, que permite una coordinación de esfuerzos libre, no vinculante, pluridireccional y permanentemente rescindible, de abajo a arriba, del individuo a la comuna, a la comarca, a donde sea necesario.

Los tópicos anarquistas de un nuevo Estado, nuevas fronteras, interclasismo y otros, no tienen consistencia ni han de servir para pasar por alto el tema, protegiéndose en la comodidad de la opinión mayoritariamente aceptada. La liberación nacional forma parte de un proceso de lucha anticapitalista, en la que se busca independizarse, romper con unas relaciones de dominación a todos los niveles. Este proceso anárquico tiene ahora realizaciones concretas: abstencionismo laboral, okupación de casas vacías, insumisión contra el servicio militar, expropiaciones colectivas, aprovechar la cobertura de manifestaciones para apedrear comisarías y establecimientos concretos, formas de sabotaje, creación de pequeñas comunas, y otros. Como proceso, necesita una ruptura violenta con el actual estado de cosas, pero continua y tiene realmente sentido después de esta ruptura. En la medida que tengamos fuerza para impulsar iniciativas como comunismo libertario, autogestión, municipio libre o federalismo, no tiene sentido hablar de nuevos Estados, como entidades al margen de nuestro tejido social. Si no tenemos fuerza, no solo la liberación nacional, sino cualquier otra reivindicación pendiente, no podrá realizarse fuera del Estado, del actual u otros.

Acusarnos de querer crear nuevas fronteras es igualmente absurdo, sobre todo cuando la acusación proviene de un movimiento libertario histórico, que siempre ha reconocido las actuales fronteras de España como marco de lucha y de organización futura, asumiendo la españolidad e identificándose con la propuesta ideológico-territorial del estado al que quiere combatir. Queremos romper las actuales fronteras para dar paso a una libre federación. Tanto la reunificación propuesta por los independentistas, como la federación ibérica de los libertarios, parten de marcos patrióticos obligados. Si bien la idea de Països Catalans es muy válida, tiene que ir configurándose en la práctica, federativamente, de abajo a arriba, por descontado sin fronteras ni límites a una coordinación que más arriba hemos definido pluridireccional, esto es, simultáneamente a distintos niveles.

Finalmente, si el interclasismo de las reivindicaciones nacionales es un peligro real, más que servir de pretexto para inhibirse de los problemas, ha de servir de permanente punto de referencia para comprender que en la lucha contra el Estado y el capitalismo, el enemigo prioritario es la burguesía de aquí.

Revista Sabotaje (Madrid), nº 5. Enero de 1987.

 


Anarcoindependentismo: La facción más desconocida del movimiento libertario

Cada nación, grande o pequeña, tiene el derecho indiscutible a ser ella misma, a vivir acorde con su propia naturaleza. Este derecho es solamente el corolario del principio general de libertad”. Ésta es la tesis que defendía en el siglo XIX el principal impulsor del anarquismo, Bakunin, y de la que surge el anarcoindependentismo, una corriente de este movimiento donde se conjugan las ideas independentistas con las anarquistas, y que se desarrolló en el siglo XX, en las nacionalidades europeas apostando por la liberación de los territorios y su autoorganización.

¿Pueden concordar las ideas independentistas y las anarquistas? ¿La liberación nacional y la individual son compatibles? ¿Para que una comunidad humana diferenciada sea libre necesita de un estado? A estas y otras preguntas intenta darles respuesta un sector del movimiento libertario conocido como anarcoindependentismo. Su incidencia en el anarquismo internacional es más bien minoritaria. Este pensamiento se desarrolló en grupos pequeños, surgidos siempre en distintas nacionalidades europeas.

Antecedentes

A pesar de la creencia generalizada de que esta es una teoría “moderna”, sus antecedentes vienen de lejos. Un teórico del anarquismo como Bakunin (1814-1876), en su obra “Patria y Nacionalidad” decía cosas como: “La nacionalidad es un principio; es un hecho legitimado, como la individualidad. Cada nación, grande o pequeña, tiene el indiscutible derecho a ser ella misma, a vivir acordes con su propia naturaleza. Este derecho es solamente el corolario del principio general de libertad. (…) Un principio es el respeto que cada uno ha tener por los hechos naturales, sociales o reales. La nacionalidad, como la individualidad, es uno de esos hechos; y por eso la tenemos que respetar. Forzarla sería cometer un crimen; y (…) se convierte en un principio sagrado cada vez que es amenazada y forzada. Por eso, me siento simple y sinceramente el patriota de todas las patrias oprimidas”.

Otro clásico del pensamiento libertario como Kropotkin también trató esta cuestión con un posicionamiento bien claro: “(…) En todos los sitios donde el hombre se rebela contra la opresión individual, económica, estática, religiosa y sobre todo nacional, nuestro deber es estar a su lado. (…) Me parece que en cada uno de estos movimientos de emancipación nacional nos aguarda una tarea importante: plantear el problema en sus aspectos económico y social, y esto al mismo tiempo que la lucha contra la opresión extranjera” (en una carta de 1897 sobre la “cuestión irlandesa”).

Ya en el siglo XIX hubo participación libertaria en algunas luchas de liberación nacional, como las de Bosnia y Herzegovina, y fundamentalmente en la insurrección búlgara de 1876. Pero si de una experiencia de revolución social y liberación nacional hay que hablar, esa es la de Macedonia en 1903. Preparada en una docena de años, los libertarios se encargaron de la orientación, los objetivos y la acción armada. Cambiaron la táctica al atacar a les empresas de capital extranjero que mantenían al Imperio Otomano, en cuenta de las autoridades turcas, como se hacía hasta entonces. El levantamiento duró treinta días y, a pesar de su previsible derrota, pasó a la historia como la primera manifestación de una tentativa de liberación nacional y al mismo tiempo de emancipación social, de carácter libertario de hecho e influida por el pensamiento de Bakunin.

En la Revolución de 1917 en Ucrania, por sus características especiales y específicas, se dio un proceso muy particular donde confluyó el sentimiento nacional y la ideología anarquista. De esa época es la creación del Ejército Revolucionario Insurreccional de Ucrania (conocido como Ejército Negro por el color de las banderas que lo identificaban), formado por anarquistas y donde acabaron integrados grupos pequeños de nacionalistas. Su cabeza e ideólogo fue Néstor Majnó, que creía firmemente en los principios de autoorganización y federación de labradores y obreros ucranianos.

Más referentes posibles de este pensamiento podemos encontrarlos también en el escritor y político bretón Émile Masson, fundador en 1900 de la Federación Socialista de Bretaña y dos años después de la revista en lengua bretona Brug, de carácter socialista y libertario. Hizo también en esa línea el llamamiento por el que es conocido: “Bretones socialistas, hay que hablar a nuestros hermanos labradores en su lengua”. Más tarde fue miembro del comité de redacción del periódico Breizh Dishual (Bretaña Libre), futuro órgano del incipiente movimiento nacionalista bretón, además de colaborar con la publicación La Bretagne Libertaire.

Otra conexión ente emancipación nacional y individual se dio en el pensamiento de uno de los nombres fundacionales del nacionalismo canario. Secundino Delgado (1867-1912). Emigrado a Cuba, se hizo seguidor del anarcosindicalismo y participa en la lucha contra España. Después tiene que exiliarse a Venezuela, donde funda el periódico El Guanche y propone la independencia de Canarias. De vuelta a las islas colabora con la anarcosindicalista Asociación Obrera de Canarias y funda más tarde las primeras organizaciones políticas nacionalistas, además de crear también la publicación Vacaguaré (“quiero morir”, grito de resistencia guanche), donde escribe: “Mientras respire, voy a luchar por la autonomía de los pueblos y de los individuos cueste lo que cueste. (…) Todo por la libertad de los pueblos y de los hombres. (…) Como decía Bakunin, que al mismo tiempo que predicaba la gran revolución política, económica y social, no abandonaba las regiones conquistadas y sometidas a potencias extrañas”.

Más adelantados en el tiempo están los vascos Félix Likiniano (1909-1983), militante anarquista muy destacado en la defensa de Donostia en la Guerra Civil y después en la lucha antifranquista, y Federico Krutwig (1921-1998) escritor y miembro de Euskaltzaindia (Academia de la Lengua Vasca), autor de obras como “Vasconia” o “La cuestión vasca”. Cuestionaron los aspectos de la ideología nacionalista tradicional, proponiendo un nacionalismo vasco nuevo donde se diera una especie de fusión ente la izquierda abertzale y el anarquismo.

Ideología

El anarcoindependentismo propone lograr la liberación de un territorio determinado y la capacidad de este de autoorganizase sin necesidad de un gobierno centralizado, a través del federalismo libertario. Para sus seguidores el independentismo está implícito en el mismo anarquismo; esta propuesta, como libertaria que es, toma al individuo como base de la liberación social: la independencia surge del propio individuo. En ausencia de Estado y capital, el individuo se uniría a los organismos de base en los que, entre iguales y de manera autogestionaria, decide mediante democracia directa los asuntos que competen no solo a la producción, sino a todos los aspectos de la vida comunitaria. Estos organismos se vinculan libremente entre sí, lo que requiere primero que ellos también sean independientes. Eso justamente es el federalismo: la unión libre (lo que también implica separación libre), para que se produzca, es imprescindible que haya la posibilidad de decisión previa de las unidades que se juntan. En el pensamiento anarquista, la independencia es requisito para la autodeterminación que se ejerce con la autogestión. En este sentido, el anarcoindependentismo no rompe con las idees libertarias; todo lo contrario: se reafirma en ellas. Para él, nación no es igual a Estado, ni independentismo igual a nacionalismo.

Más que hablar de nacionalismo hacen referencia al término liberación nacional; para alcanzarlo emplean aspectos como la cultura o la lengua del territorio que quieren independizar que no estén en contradicción con las prácticas libertarias, como forma de unión popular y siguiendo un alineamiento internacionalista de hermandad con todos los pueblos del mundo, apoyándose en la multiculturalidad y rechazando de hecho el racialismo. Tanto los anarquistas como los independentistas no concibieron la liberación nacional fuera del estado. Esto llevó a los primeros a no asumir esta liberación por tener miedo a estar potenciando un estado nuevo, y a los segundos, a reivindicar este estado como única forma de liberación nacional. Acusados de “nacionalistas” por el sector mayoritario del anarquismo, éstos se defienden argumentando que lo mismo se podría decir de todos aquellos que sostienen como marco referencial de su actuación el estado-nación, sean estos comunistas, socialistas o libertarios. Es más, no asumir la liberación nacional, posponerla a una futura e hipotética destrucción del estado, significa convertirse en cómplice del estado en su objetivo de someter las comunidades nacionales.

Colectivos

Ahora hay en Europa algunos colectivos que se enmarcan dentro de esta corriente, unos formados por un número reducido de militantes, dedicados fundamentalmente a la teorización y a apoyar las luchas populares de sus países, y otros con una infraestructura mayor y una capacidad de operación propia mucho más grande. Entre éstos últimos está CBIL (Coordinadora Bretaña Independiente y Libertaria), que junta a grupos que actúan en las ciudades de ese país, y que nació de la voluntad de asociar las luchas libertarias con las de emancipación cultural y política de Bretaña. Son los responsables de la publicación del periódico trimestral Huchoèr (El portavoz), redactado en bretón, galó (la otra lengua autóctona del país) y francés.

En Cataluña vienen trabajando desde hace algún tiempo el colectivo Negres Tempestes, organizando actividades y publicando la revista de debate libertario La Rosa dels Vents; hace poco reeditaron una obra referencial dentro del anarcoindependentismo en la órbita ‘española’, “Anarquisme i Alliberament Nacional” (publicado por el grupo Ikària -ya desaparecido- en 1987).

En Sicilia los partidarios de esta tendencia se agrupan alrededor del periódico Sicilia Libertaria, que defiende la sicilianidad negada como nación por el estado italiano, y entienden que, allí, “la lucha contra el imperialismo y el capitalismo pasa inequívocamente por la potenciación de la autodeterminación y la independencia del pueblo siciliano”.

En Canarias hay tradición anarcoindependentista desde hace bastante tiempo, con algunas agrupaciones a lo largo de la historia contemporánea. Esa tradición cristalizó en el libro colectivo “Independencia y Autogestión (escritos anarcoindependentistas)”, que recoge trece textos del independentismo libertario a lo largo de veinte años.

Occitania Libertaria nació por oposición “al sectarismo y al racismo de los anarcojacobinos de Francia” y resume sus objetivos en cuatro puntos: la colectivización de los medios de producción y la reapropiación de las tierras occitanas colonizadas; el respeto y el esparcimiento de la identidad nacional occitana; el reconocimiento del Pueblo Occitano y de sus derechos nacionales, y el control por la comunidad nacional occitana del desarrollo económico, social y cultural.

Son nada más unos ejemplos, pero hay más esparcidos por el continente, en países como Euskal Herria (con un referente bien claro como fue el grupo Askatasuna, que en la década de los setenta editaba una revista del mismo nombre), Galiza, Escocia, Gales o Cerdeña (donde, en el año 1986, llegó a celebrarse una especie de Internacional Anarcoindependentista) hay grupos, publicaciones o iniciativas que van en este mismo sentido.

Anarquía y liberación nacional, dos conceptos que puede parecer, a priori, contrapuestos pero que no tienen por qué. Eso defiende esta corriente del movimiento libertario conocida como anarcoindependentismo, una tarea difícil de explicar viendo el rechazo que produce tanto en el independentismo de izquierda como en el anarquismo ortodoxo. De todas maneras, no esta de más, llegados a este punto y como conclusión, recordar unas palabras del psiquiatra y ensayista francés Frantz Fanon, estudioso (ente otros temas) de las consecuencias psicológicas de la colonización sobre el colonizado: “La conciencia nacional, que no es nacionalismo, es la única que puede darnos una dimensión internacional”.

Xune Elipe

 

* Traducido del asturianu y originariamente publicado en Les Noticies en 2009

 

 


Anarquisme i alliberament nacional

En pdf, libro Anarquisme i alliberament nacional, en su última edición (2007). Sobre laa primera edición (1987), se diferencia en una nota introductoria, algunos anexos y un apéndice que hace un recorrido sobre los 20 años que han pasado entre la primera y segunda edición en el ámbito de los Paissos Catalans… El texto está en catalán…


Por la independencia total y la anarquía sin límites

Pdf del folleto Por la independencia total y la anarquía sin límites, del Col.lectiu Ikària, editado en los años 80. Corresponde a una traducción al castellano de varios capítulos del libro Anarquisme i alliberament nacional, publicado en catalán por aquellos años.

http://reflexionrevuelta.files.wordpress.com/2011/07/porlaindependencia.pdf


El marxismo y la cuestión nacional.

Lenin le encargó a Stalin la tarea de resolver la cuestión nacional en la URSS de cara a una eventual acción revolucionaria unitaria. Para ello, Stalin redactó varios trabajos entre los que destacan Hacia el nacionalismo y el presente El marxismo y la cuestión nacional, que fueron los más importantes de la aportación stalinista a este tema y que con el tiempo se han convertido en reflexiones muy interesantes dentro de la teoría de la nación y el (los) nacionalismo (s). En aquel momento su alcance fue enorme y algunos sostienen que Lenin otorgó la Secretaría General por este motivo.

Descargar Documento: El marxismo y la cuestión nacional.(Joseph Stalin, Viena, 1913)


Federalismo libertario

Pretender abordar el actual protagonismo de la «cuestión nacional» en las luchas de los pueblos oprimidos por el Estado español, haciendo simples consideraciones tópicas que tanto abundan en nuestros medios, no ayudaría en mucho a la necesidad que la CNT, como organización obrera federalista tiene de dotarse de unos planteamientos claros, hoy, ante el nacionalismo-autonomismo-independentismo tan en boga. El uso de frases hechas como «mi patria es el mundo, mi familia la humanidad», pese al contenido emocional que tiene, sólo nos llevan a olvidar la importancia que tiene el tema de cara a nuestra estrategia revolucionaria.
Los pueblos sometidos al yugo del Estado español, pese a poseer características comunes, tanto étnicas como históricas, lingüísticas o económicas, poseen, a su vez, características diferenciadoras que les otorgan el derecho a su independencia y a su autonomía respecto a cualquier Estado que pretenda su opresión. Pero, para nosotros, este es un derecho que adquiere todo pueblo por el mero hecho de serlo, sin limitarlo a aquellos que por sus particularidades lingüísticas o históricas, y sobre todo, por su elevada conciencia de pueblo diferenciado, así lo exijan del Estado opresor.
Porque, ¿acaso son los caracteres lingüísticos y culturales de un pueblo, como por ejemplo el vasco, los que impulsan su decidida voluntad de autogobierno; o más bien son unos elementos motivadores más, que han de unirse necesariamente a la explotación económica de sus recursos por parte del capitalismo interior y exterior, y la opresión social y política ejercida por el Estado centralista español? Y, pese a la diferente situación de identidad cultural y el menor grado de conciencia de pueblo diferenciado (que puede ser o no ser una nación, una nacionalidad, etc.), otros pueblos, como el extremeño, canario o gallego, ¿no tienen acaso, el mismo derecho al autogobierno que el vasco? Por supuesto que sí. Y es que, desde nuestra perspectiva, la opresión del Estado la sufren todos los pueblos, y la explotación económica de los monopolios y el capital interior y exterior, también. Aunque, no todos los pueblos tienen la misma conciencia de esta situación, ni su lucha contra ella se manifiesta de la misma manera.
Sin embargo, la CNT no puede identificar a un pueblo o a una nación, actualmente, sin tener en cuenta la existencia de relaciones de dominio y explotación en su seno: de la burguesía sobre los trabajadores. De ahí que ese derecho a la independencia y autonomía de los pueblos ha de quedar incluído dentro del proceso de la lucha de clases y la consecución de la emancipación de la clase trabajadora en su conjunto. Porque para nosotros no existe liberación de la opresión del Estado central, si no existe emancipación de los trabajadores mediante la destrucción de cualquier Estado; ni existe liberación de los pueblos sin emancipación de los trabajadores y destrucción del capitalismo.
¿Qué pretenden las Autonomías concedidas por el Gobierno de UCD y aplaudidas por los partidos y organizaciones de la izquierda reformista? Pretenden, mediante la vía de la Reforma, -concendiendo falsos poderes políticos y administrativos-, acallar las cada vez más peligrosas reivindicaciones de autogobierno de los pueblos más conscientes de la periferia, y la permanente actitud de rechazo del poder que el Estado español ejerce brutalmente sobre ellos. Las reivindicaciones nacionales movilizan hoy a un buen número de pueblos y trabajadores en España; y la Autonomía es el proyecto político de las fuerzas reaccionarias y reformistas que pretenden evitar con ella, el que por la vía de las reivindicaciones de autogobierno, se llegue a las luchas directas contra el poder del Estado Español (o cualquier otro mini-Estado que pretendan imponérseles), y de la explotación capitalista ejercida basjo su protección. Por esto CNT debe estar contra las Autonomías y jugar un papel clarificador de estas luchas que, sin duda, continuarán, estando decididamente del lado de aquellos pueblos que luchan contra la opresión del Estado capitalista español (más aún del lado de los pueblos más conscientes de su identidad). Y, la CNT, debe estar, a su vez, decididamente en contra de la burguesía explotadora de esos pueblos y de cualquier intento de crear un nuevo Estado «nacional» sobre las ruinas del Estado central.
Partiendo del derecho a la independencia y autonomía de todos los pueblos sometidos por un Estado opresor, y reconociendo el federalismo libertario como principio que, a la vez que preserva ese derecho, establece lazos fraternales de solidaridad y cooperación entre los pueblos federados; la CNT aboga por el federalismo libertario entre todos los pueblos que luchan por su liberación de la opresión del Estado español. Y, para nosotros, ese federalismo, a la vez que hace más efectiva la lucha del conjunto de los pueblos, fortalece la lucha de cada pueblo. De ahí que hoy apliquemos el esquema federal libertario en nuestra organización, de tal forma que cualquier sindicato, local o regional federada se autoorganiza y se autogestiona.
Así como hoy luchamos por la liberación de todos los pueblos oprimidos por el Estado español, lo haremos por su libre federación, mediante los mismo principios libertarios tras su emancipación: y ello dentro de un marco de federación internacional que consideramos inspirador y sostén de la emancipación de todos los trabajadores del mundo.

CNT – CANARIAS (1979-80)

[Publicado en Bicicleta, revista de comunicaciones libertarias, nº 34]


Los clásicos anarquistas y los movimientos de liberación nacional

 

1. La posición de Bakunin
Bakunin defendió siempre la idea de revolución social íntimamente ligada a la liberación nacional de los pueblos sometidos y, muy especialmente, la de los pueblos eslavos, oprimidos bajo el yugo de los imperio ruso, austriaco, prusiano y turco. Su paneslavismo descansaba sobre la destrucción de los cuatro imperios para federar los pueblos eslavos en base a una libertad e igualdad absolutas, opuesto a la hegemonía rusa. De igual manera que combatió el paneslavismo ruso y la creación de un Gran Estado eslavo que oprimiese a las naciones eslavas, combatió el pangermanismo. «Como eslavo, yo querría la emancipación de la raza eslava del yugo alemán, y, como patriota alemán, Marx no admite todavía el dere cho de los eslavos a emanciparse del yugo de los alemanes, pensando hoy como entonces que los alemanes son llamados a civilizarlos, es decir, a germanizarlos por aceptación o por fuerza» (1871).
Opuestas son las posiciones respecto a la liberación nacional de Bakunin y de Marx y Engels, ya que ambos clásicos marxistas se manifestaron contrarios a los movimientos independentistas o nacionalistas revolucionarios, ya que creían que el movimiento revolucionario únicamente podía desarrollarse en el marco de las relaciones económicas de producción del cual solamente la clase obrera podía ser el motor, considerando por tanto que el desarrollo de las fuerzas de producción así como la extensión del intercambio económico —que creaban según ellos la necesidad histórica del socialismo— destruirían los particularismos locales y nacionales y tenderían a igualar el desarrollo social.
En efecto, Marx, respondiendo a Bakunin, que defendía la independencia de los checos, eslavos, polacos, búlgaros, rumanos, etc., declaraba al ‘Neuu Rheinische Zeitung’, en 1849:
«Todas estas pequeñas naciones impotentes y frágiles, deben a fin de cuentas el reconocimiento a las que, según las necesidades históricas, las integraron en algún imperio, permitiéndolos así participar en el desarrollo histórico del cual, si se hubiesen quedado solas, se hubiesen visto totalmente privadas. Es evidente que tal cosa no se hubiera podido realizar sin aplastar «tiernos brotes» ( … ).»
De esta manera, al contrario que M. Bakunin, K. Marx negaba que las luchas nacionales de oprimidos contra sus Estados opresores extranjeros en el s. XIX fuesen un factor revolucionario anticapitalista emancipador.
El mismo Andreu Nin reconoce el acierto de la posición de Bakunin ante la de Marx en la cuestión nacional: « … Y a pesar de nuestra devoción por Marx y Engels, hemos de confesar que si hubiésemos de juzgar por las manifestaciones externas, haciendo abstracción de las circunstancias de tiempo y de factores de orden psicológico, diríamos que las acusaciones de Bakunin contra Marx (en la cuestión nacional, se refiere) y Engels eran más justificadas que las de este contra aquel» (1).
Bakunin opone siempre al nacionalismo estatalista un nacionalismo revolucionario federalista y consagra buena parte de su vida a liberar patrias oprimidas, como Polonia; de él citamos el manifiesto que sigue:
«1.- El orden que reina hoy en Polonia, bajo el yugo extranjero, se manifiesta incesantemente, como en todas partes, con el despotismo político y económico de una minoría privilegiada sobre las masas obreras.
2.- Calificamos de tiranía la dominación del hombre por el hombre. Igualmente no reconocemos otro poder que la organización social del pueblo, por medio de una libre federación de asociaciones obreras y comunas campesinas libres. Ya que todo poder, hasta el que en apariencia es el más republicano y el más democrático, siempre se basa en el provecho de una minoría privilegiada y la esclavitud del pueblo.
3.- La conquista de una verdadera Libertad para el pueblo polaco tiene como condición necesaria la abolición del régimen actual, tanto en el plano político como en el económico, el jurídico y el religioso.
4.- Solamente podremos conseguirla mediante un levantamiento general, por medio de la revolución social.
5.- La tierra pertenecerá a las comunas campesinas en la medida que éstas sean capaces de trabajarla.
6.-De igual manera, las fábricas, las máquinas, los edificios, las herramientas, hasta las artesanales, serán propiedad de las asociaciones obreras.
7.- Adversarios de todo poder estático, no reconocemos ninguna clase de derechos históricos
o políticos. Para nosotros, Polonia sólo existe allá donde el pueblo quiere ser polaco y se reconoce como tal: Polonia dejará de existir allá donde este mismo pueblo no desee más pertenecer a la Federación polaca y se adhiera libremente a otro grupo nacional.
8.- Extendemos una mano fraternal a todos nuestros hermanos, a todos los eslavos que, al igual que nosotros, se encuentran bajo el yugo del gobierno que, como nosotros, detestan, en particular, los gobiernos moscovita, turco y alemán. Estos pueblos eslavos tienen plenamente derecho a reivindicar su independencia y su plenitud nacional.
9.- Finalmente, extendemos nuestra misma mano fraternal a todos los otros pueblos que aspiran a la libertad. Estamos dispuestos a hacer servir todos los medios que tengamos a nuestro alcance para ayudarlos a conseguir nuestro fin común.
¡Viva la revolución social!
íViva la Comuna Libre!
¡Viva la Polonia democrática y social!» (2).
Igualmente Bakunin nos define su federalismo político en el discurso realizado en 1867 en el congreso de la Liga por la Paz y la Libertad:
«Todo estado centralista, por liberal que quiera presentarse y no importa la forma republicana de la cual se vista, es necesariamente un opresor, un explotador de las masas trabajadoras del pueblo en beneficio de las clases privilegiadas. Necesita un ejército para contener estas masas en ciertos límites, y la existencia de este poder armado le lleva a la guerra. Por eso acabo diciendo que la paz internacional es imposible mientras no se haya aceptado el siguiente principio con todas sus consecuencias: toda nación débil o fuerte, pequeña o grande, toda provincia, toda comunidad tiene derecho absoluto a ser libre, autónoma de existir, y en este derecho todas las comunidades son solidarias en tal grado que no es posible violar estos principios respecto a una sala de ellas, sin poner simultáneamente en peligro todas las otras».
Por otra parte, M. Bakunin diferencia netamente la Nación del Estado. Para él, la nación viene a ser un hecho natural, un hecho popular. La patria y la nacionalidad son para él como la misma individualidad, hechos naturales y sociales, fisiológicos e históricos.
«El Estado no es la patria, es la abstracción, la ficción metafísica, mística, política, jurídica de la patria. Las masas populares de todos los países aman profundamente a su patria, pero es este un amar real, natural. No se trata de una idea: se trata de un hecho.. Por eso me siento franca y constantemente el patriota de todas las patrias oprimidas» (3).
Para Bakunin, la patria representa el derecho irrebatible y sagrado de todo hombre, de todos los grupos de hombres, asociaciones, comunidades, regiones, naciones, de vivir, sentir, pensar y crear y de actuar a su manera, siendo esta manera de vivir y de sentir siempre el irrefutable resultado de un desarrollo histórico.
Sin embargo, para él la patria y la nacionalidad no son principios, por la sencilla razón de que solamente se puede dar tal nombre a aquello que es universal y común a todos los hombres. Así dice:
«… No hay nada más absurdo y a la vez perjudicial y funesto para el pueblo que sostener los falsos principios de nacionalidad como ideal de todas sus aspiraciones. La nacionalidad no es un principio humano universal; es un hecho histórico, local, que al igual que todos los hechos reales e inofensivos, tiene el derecho a exigir la aceptación general. Todo pueblo, por minúsculo que sea tiene su propio carácter, su modo particular de vivir, de hablar, de sentir, de pensar, de actuar, y es en esta idiosincrasia en lo que consiste la nacionalidad, la cual deriva de toda la vida histórica y de la suma total de las condiciones de vida de este pueblo». (4)
Para M. Bakunin, el auténtico patriotismo, el nacionalismo legítimo es aquel que no confunde el amor a la patria o a la nación con el servicio al Estado o subordinación a un gobierno, y que no antepone la particularidad propia —aunque esta sea natural y valida— a la universalidad del humano. Ya que el camino de la liberación nacional no puede separarse de la revolución social, ni este de la federación de Comunas y de las empresas colectivizadas
2. La posición de Kropotkin
Por otra parte, Piotr Kropotkin, otro gran clásico anarquista ruso, escribía del todo considerando la gravedad de la «cuestión irlandesa» en una carta a María Korn, el once de mayo de 1897:
«Me parece que el carácter puramente nacionalista de los movimientos de emancipación nacional es inexistente. Siempre hay motivos económicos, o bien es la libertad y el respeto del individuo que hay que salvaguardar. Nuestra tarea habría de ser la de hacer aparecer los problemas económicos. Creo, además, creo, después de haberlo reflexionado largamente, que el fracaso de los movimientos nacionales en Polonia, Finlandia, Irlanda, etc., residen en el problema económico. En Irlanda, la dificultad principal proviene del hecho de que los jefes del movimiento, grandes propietarios, igual que los ingleses, vaciaron el movimiento de emancipación nacional de su contenido social.
( .. ) Me parece que en cada uno de estos movimientos de emancipación nacional se nos reserva una tarea importante: plantear el problema en sus aspectos económico y social, y esto paralelamente a la lucha contra la opresión extranjera.
(…) En todos los lugares donde el hombre se rebela contra la opresión individual, económica, estática, religiosa y sobre todo nacional, nuestro deber es estar a su lado».
En este texto se puede ver claramente cual es la actitud de Kropotkin ante la opresión nacional y los movimientos de liberación nacional.
Kropotkin sabía ya entonces que la lucha antiimperialista se planteaba en términos de liberación nacional y de lucha de clases, deduciendo que solamente la victoria de la clase obrera podría resolver la cuestión nacional en el sentido de los intereses del pueblo trabajador. Kropotkin, como Bakunin, reconocía el contenido revolucionario de las luchas autónomas de liberación nacional, en las cuales creía que los libertarios habían de participar activamente del todo, planteando la cuestión social, a fin de conseguir una verdadera liberación.
3. Macedonia, 1903: una experiencia de revolución social y de liberación nacional
Ya en el siglo XIX hubo una participación libertaria en luchas de liberación nacional, como las de Bosnia y Hercegovina, y sobre todo la insurrección búlgara de 1876, en la cual participa el famoso poeta libertario Boter. En el año siguiente, 1877, estalló la guerra ruso-turca por la cual Bulgaria accedía a la independencia, pero a causa de las presiones y los intereses del capitalismo occidental —principalmente Inglaterra— una parte del territorio búlgaro, Macedonia, fue devuelta otra vez a Turquía, comenzando entonces la lucha de Macedonia contra el ocupante turco, y apareciendo también la “cuestión Macedonia”, provocada por las potencias europeas.
A partir de 1893 en todas las ciudades había escuelas búlgaras y se comenzaron a formar las primeras células de la futura organización revolucionaria del interior de Macedonia, constituida en 1894-1895, bajo el impulso e influencia libertarla: ORIMA (Organización Revolucionaria del Interior de Macedonia y de Adrinoble).
La ORIMA constituye su Comité Central en Salónica, con una delegación en el exilio, en Sofía. Sus principios eran de un espíritu internacionalista y proponían la liberación nacional de su país sometido por los turcos mediante la revolución.
Fue también importante la adhesión del Cenáculo de Ginebra, creado en 1898, constituido por diversos grupos anarquistas, los cuale s elaboran unos Estatutos del Comité Revolucionario Secreto Macedonio y publican un órgano de este Comité. También participaron en el movimiento revolucionario macedonio numerosos grupos libertarios búlgaros que tuvieron un papel importante en la lucha armada (más de 60 muertos). La preparación de la revolución dura una docena de años y acaba dando lugar a la insurrección de Tracia Oriental y Macedonia por agosto de 1903. Los libertarios aportaron la orientación, los objetivos y la acción armada. Las acciones armadas cambiaron de táctica con la aportación anarquista, ya que en lugar de atacar a las autoridades ocupantes turcas como se hacía hasta entonces, se ataca sobre todo las empresas de capital extranjero que mantenían al Imperio otomano.
La revolución se preparó ampliamente y reforzando la organización a través de la constitución de grupos y comités locales a fin de llegar a constituir las formas de organismos sociales capaces de crear una nueva sociedad que reemplazara a la del ocupante turco. Se formaron también nuevos grupos de combate, se hicieron bombas y se consiguieron armas del interior y de fuera; pero fue especialmente la propaganda la que tomó grandes dimensiones, englobando a toda la población a través de reuniones casi públicas, hechas frecuentemente en las iglesias.
Guerdjikov, dirigente anarquista y uno de los tres jefes elegidos en un congreso clandestino para dirigir la insurrección, organizó a partir de 1902 grupos de combate locales denominados “Grupos de la Muerte” que constuirían los núcleos del futuro ejército revolucionario, y también publicó un diario clandestino, ‘A las Armas’, y participó regularmente en la propaganda oral en las noches en la región de la Tracia Oriental.
La Insurrección desatada en agosto de 1903, derivó al mismo tiempo que lucha de liberación nacional contra los turcos en revolución social, que duró unos 30 días: por primera vez en la historia se manifestaba una tentativa de liberación nacional con una orientación de emancipación social, que toma un carácter plenamente libertarlo e influido por el pensamiento de Bakunin.
En la revolución desatada en Macedonia y en la Tracia Oriental participaron sólo en esta región más de 4.000 guerrilleros enfrentados con éxito a un ejército diez veces superior.
A pesar de los pocos días que dura la experiencia revolucionaria, se consigue una participación masiva de la población y fue abolida la propiedad privada y se procede a la colectivización, siendo regidas las ciudades y los pueblos por asambleas populares de donde salen las diversas comisiones encargadas del gobierno local.
Muy significativa fue la negativa de secundar, de añadirse, al movimiento revolucionario por parte de los comunistas (entonces socialdemócratas), que, además, tampoco participaron en el levantamiento que derroca la monarquía búlgara en 1923, dirigida también por los anarquistas.
A pesar de la derrota inevitable —con más de 20.000 refugiados en Bulgaria—, de la superioridad numérica y en armamento de los turcos, la lucha contra la ocupación extranjera continúa y sigue siendo importante la influencia de los libertarios en el movimiento independentista macedonio (5).
NOTAS:
1 Nin, Andreu: Els moviments d’emancipació nacional, pg. 104, Edicions Catalanes de Paris. Existe versión en castellano editada por Editorial Fontamara.
2 Programa de la Asociación Polaca Social-Revolucionaria de Zurich, 1863.
3 Carta abierta a los amigos de Italia, 1871.
4 Estatismo y Anarquía.
5 Guerdjikov lucha en la guerra de los Balcanes contra los turcos con unas compañías de guerrilleros anarquistas, empleando métodos revolucionarios y manteniendo una independencia total del ejército. En 1919 funda la FACB (Federación Anarco-Comunista Búlgara), y más tarde se niega a colaborar con el régimen comunista búlgaro, el cual le ofrecía todos los honores de héroe nacional, contestándoles “yo no estoy acostumbrado a besar los pies de los tiranos”.
Texto traducido del catalán por Trueno, correspondiente al capítulo 8 del libro Anarquisme i alliberament nacional, editado por El Llamp en 1987. Existe una versión resumida en castellano, realizada por sus mismos autores “el Colectivo Ikària” bajo el título Por la independencia total y la anarquía sin límites (…).
[Tomado de El Baifo, nº 5, pp. 14-19. Diciembre de 1991].